jueves, 30 de enero de 2020

SUPOSICIÓN CLIMÁTICA

La adaptación, en todos los órdenes de la vida que rigen este planeta azul, es fundamental para sobrevivir a cualquier cambio – Alfonso Campuzano

Teniendo como fundamento que el planeta azul mantiene un bucle climático ininterrumpido desde hace 4.500 millones de años –léase, desde el principio de su existencia, y posiblemente sabe que va a vivir otros tantos–, con sus periodos glaciares en alternancia con los interglaciares, deberíamos felicitarnos por estar disfrutando de que la aumente la temperatura.
No se trata de negar el evidente cambio ambiental, que lo ha sido desde siempre, aunque se dicen muchas tontadas, supuestamente inexactas, aprovechando que las noticias se transmiten inmediatamente dentro del itinerario elegido por tendencia despótica ecologista.
Y ciertos seres, que se creen dioses, intentan salvarlo, pero ¿de qué? Él seguirá salvándose solito, porque por cada acción humana se adapta para sobrevivir; todo lo contrario que los seres humanos, que desconocen todo sobre la naturaleza.
Se habla de controlar el clima, pero ¿quién se atreve a controlar el clima, y con qué medios? Por una parte, hay demasiados protagonistas en busca de publicidad. Por otra, existen bastantes proyectos, que tienen que demostrar su efectividad para que se vean las soluciones. Pura charlatanería. Ya lo dice Robert Laughlin: ‘No tenemos poder para controlar el clima.’
El clima, como todo lo que tiene una existencia en este planeta azul, es dinámico, variable, y nunca estable, lo mismo que la temperatura, que nunca jamás ha sido uniforme, sino que ha tenido altibajos. La estabilidad climática en el planeta azul, de la que hablan algunos ignaros, jamás ha existido, porque es un estado contra naturam.
En lugar de meter tanto miedo sería más lógico entender que todo, absolutamente todo, es cíclico, y cada época tiene el suyo, sobre todo cuando uno se entera que lo vivido actualmente ya fue vivido hace millones de años. ¿Y qué pasó? Pues que la vida continúa. Por tanto, todo lo que se refiere al clima son elucubraciones, más o menos interesadas, cuando realmente se desconoce qué límite de resistencia tiene el planeta azul al aumentar la temperatura. 
Sin embargo, no parece que este periodo guste mucho, porque se han levantado voces catastróficas de histeria colectiva en su contra, tratando de revertir artificialmente la llamada crisis climática, sobre todo manipular y trastocar la armonía climática, y desconociendo su ritmo y sus dramáticas consecuencias en caso de remar en contra de las leyes del Universo, de manera que la Naturaleza se vengará adelantando la siguiente glaciación, porque después del calentamiento, sobrevendrá el enfriamiento, quizás antes de tiempo, por querer cambiar la ruta trazada por ella.
‪Es materialmente imposible medir la temperatura global de la tierra y del mar en todo el planeta azul, de manera que, las variaciones meteorológicas territoriales no se pueden considerar un calentamiento global como se pretende. Y cuando se hace un pronóstico en investigación debe estar avalado por un estudio de laboratorio a doble ciego.
Es un gravísimo error hacer caso de los embaucadores climáticos con sus predicciones siniestras cuando la medición de temperaturas para confeccionar las estadísticas actuales tienen tan sólo una vida de cien años, es decir, la premisa en la que se basa el sensacionalismo actual es falsa.

ALFONSO CAMPUZANO
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viernes, 3 de enero de 2020

EL PEAJE DE LA SANGRE

La legislación vigente sobre la donación altruista de sangre debería ser revisada, actualizada, acorde con los países primermundistas – Alfonso Campuzano

Es bien sabido que, en España, gracias a una legislación obsoleta (1985), se impide que los donantes cobren por su sangre extraída. Sin embargo, la demanda hecha por hospitales públicos y privados –la sangre, mal que pese, está considerada una mercancía, un procedimiento económico, una táctica que refuerza las provisiones de sangre, por los países primermundistas–, tiene un precio con nombres muy diversos para su expedición, porque el receptor debe encargarse del manejo, de la modificación, de la reserva, del reparto, de la tasación, además de pagar al controlador, al mantenedor, al intermediario y, sobre todo, al que maneja el peaje.
Un peaje que está en manos de una empresa multinacional española, que cotiza en Irlanda, que cuenta con una organización receptora de casi trescientas clínicas de recogida, que posee una treintena de filiales repartidas en diferentes países, que mediante sus cuatro divisiones sanitarias, mercantiliza inmunoglobulinas y plasma sanguíneo para transfusiones en más de cien países, que tiene cerca de veintidós mil asalariados a su cargo.
La red hospitalaria española a través del Centro de Transfusión de Cruz Roja Española, cuando las reservas escasean, varias veces al año, lanza un llamamiento a la población para que colabore en donaciones altruistas de sangre, mediante publicidad parecida a ésta: Sé un héroe anónimo. Créate un hábito social. Donar sangre. Salvar vidas.
Imagen  publicitaria en prensa de papel
Tal publicidad merece un análisis pormenorizado: Ciertamente el español donante claro que es un héroe, faltaría más, porque se le exige que regale su sangre, mientras que en otros países primermundistas pagan por algo que es un bien preciado y propio. La donación crea, sin duda, un hábito, ya que el cuerpo está preparado para pedirlo periódicamente. Por supuesto que toda donación salva vidas, y muchas.
Sin embargo, es un abuso estar dependiendo continuamente de una falsa solidaridad humana cuando las reservas sanguíneas se evaporan, ya que lo más sensato sería distinguir entre donaciones programadas y urgentes, cuando ambas no se deberían entrelazar, sino que estuvieran en compartimentos estancos, aunque quizá esta decisión no se pueda actualizar debido a impedimentos legales.
Las donaciones programadas deberían ser obligatoriamente autodonaciones destinadas a utilizarse en intervenciones quirúrgicas planificadas a días o semanas, es decir, la persona que va a ser operada debería donar su propia sangre.
Sin embrago, las donaciones urgentes son la que se deberían proceder en momentos muy puntuales, es decir, ante accidentes y catástrofes de diferentes tipos, ante las cuales sí tienen cabida los llamamientos publicitarios.
Los intereses, más o menos escatológicos, por los que no se lleva a cabo esta racionalización del consumo de sangre es porque la sencillez en la petición no complica la hipocresía. La actualización es supervivencia. Y hacerlo saber a la sociedad que es de quien depende. 
Por otra parte, donar gratuitamente la extracción de sangre debería ser una opción personal, nunca jamás una exigencia adornada, que representa una falsa caridad.
Y con la donación de órganos pasa tres cuartos de lo mismo. Los órganos donados altruistamente cuando se solicitan para una intervención quirúrgica se ha deberían pagar, porque generan un beneficio.
Hay que actualizar la legislación vigente, y bien, porque si no se trata de lucro anda muy cerca, dado que, la obtención de la sangre por terceras personas, se cobra.

ALFONSO CAMPUZANO

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jueves, 12 de diciembre de 2019

NATURALEZA AUTOMOTIVADA

Si la naturaleza del planeta azul ha mostrado, y demostrado, que puede valerse por sí misma, pese a sus habitantes, durante cuatro mil millones de años, significa que lo seguirá haciendo por otros tantos, y sin preocupación alguna – Alfonso Campuzano

No todos los científicos están de acuerdo, no lo tienen nada claro, incluso los que pronostican una catástrofe climática, porque predecir el clima de un futuro más o menos remoto, con previsión de relojero, puede verse incumplido, como ha ocurrido recientemente, a la vista está, porque creer que los modelos climáticos aciertan más de una semana es asumir franca inocencia. Así que, ¿cómo se puede tratar de hacer creer lo que el clima acarreará dentro de veinte o treinta años?
Nada es perenne en el planeta azul. Todo es transitorio, de ahí que los geólogos, paleontólogos, clasifiquen sus descubrimientos por medio de edades/periodos donde la orografía de la corteza terrestre es cambiante, tal y como la conocemos. La adaptación es un grado con el que sí es posible ajustarse, pensando en las múltiples causas generadoras de cada uno de los cambios climáticos que han sucedido desde la noche de los tiempos.
La ciencia no es uniforme, de manera que discrepa entre lo positivo y lo negativo, entre la aclamación y la censura, y con polémica. Actualmente, la publicidad del calor manda sobre la del frío, por ahora. Veremos cómo se desarrolla la partida de ajedrez. Nada es fácil, y menos entender lo que se quiere hacer creer como global cuando todo terminará siendo territorial, como siempre ha sido. 
Si el planeta azul existe desde hace cuatro mil quinientos millones de años y, según algunos, ha habido cinco extinciones masivas de especies –entre el 76 y el 96%–, o quizá seis, según otros, habría que pensar que también pudo extinguirse alguna de las especies humanas ancestrales, aunque eso sea muy difícil de reconocer.
No se puede ser más natural que la propia naturaleza ni tomar su delantera, porque hay que admitir que ella decide cuándo, cómo, por qué, guste o no guste, porque quienes pretendan dar lecciones de cambio climático y calentamiento global terminarán por recibirlas, como así ha sido después de cuatro mil quinientos millones de años con sus largas Eras de Glaciación y de Interglaciación.
Actualmente el planeta azul, y desde hace muchísimo tiempo, vive y disfruta de un periodo interglaciar, que le corresponde. Lo ideal sería que no se intentara manipular el medioambiente con lo que se adelantarían los acontecimientos de los que nos arrepentiríamos.
Si uno se olvida, aunque no se haya vivido con la carcasa actual, que las más altas montañas estuvieron sumergidas en épocas anteriores, significa que tiene que reciclarse.
La adaptación es vida, de manera que conviene tener cuidado con el cambio climático, que auguran, no vaya a ser que nos coja desnudos. El planeta tiene futuro, tanto como ha tenido hasta ahora, simplemente porque sabe defenderse. Así que menos alarmismos, que a pocos favorecen.
No obstante, cuando el planeta azul se vea indefenso invertirá el clima, porque tras una explosión de calor sobreviene, vía natural, una implosión de frío. La naturaleza se basta sí misma, otra cosa es creer que los humanos, tan soberbios, la ayudan.
Ya decía Aristóteles que la naturaleza nunca hace nada sin motivo, y al tiempo que lo hará.

ALFONSO CAMPUZANO

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martes, 26 de noviembre de 2019

UN MAL CRECIENTE

La protección humana debe ser prioritaria, y sin ningún género de duda, ante cualquier animal, sea doméstico o salvaje – Alfonso Campuzano 

Al inmiscuirse la especie humana en el desarrollo y evolución de las especies restantes –tanto animales como vegetales–, es razonadamente incomprensible que unas salgan muy beneficiadas –el jabalí, el lobo y el oso– y otras demasiado perjudicadas –la agricultura, la ganadería–, sin que el ministerio y consejerías de los diecisiete delirios correspondientes actúen consecuentemente.
Los ataques de animales salvajes a la cabaña ganadera es un mal creciente por iniciativa de intereses oscuros, no resuelto por absoluta desidia administrativa, propia de un ensalzamiento de la vulgaridad, como si fueran patadas en los culos de los contribuyentes, lo cual demuestra una actitud despótica y totalitaria.
Tratar de responsabilizar a los seres humanos de la muerte de recursos alimenticios, ya sea mediante la caza legal o ilegal, es sentar bases demagógicas, cuando este planeta azul está diseñado para que unos se beneficien de otros, conformado según la ley natural de supervivencia del más fuerte, porque está mostrado, y demostrado, que las plagas de animales incontrolados aparecen cuando la caza se prohíbe, sobre todo judicialmente, incluso descontroladamente.
La naturaleza se defiende del más débil, es más, no le interesa, porque no se adapta ni evoluciona. La adaptación ayuda a sobrevivir. Primera Ley Natural, por los siglos de los siglos, es que sólo sobreviven los más fuertes de cada especie. Algo que vulgarmente nadie quiere aceptar. Este planeta azul, en continua evolución, desde hace más cuatro mil quinientos millones de años, marca la extinción de especies que se equilibra con el nacimiento de otras desconocidas en busca de reconocimiento científico.
La sanidad no se humaniza, como pretenden ciertos políticos mediocres, permitiendo que las mascotas –aunque estén vacunadas– visiten a sus dueños ingresados en hospitales públicos. Es de ignaros pasar por alto que los canes, aparte de alergias, pueden transmitir cerca de setenta enfermedades a los humanos –cáncer, entre ellas–, haciendo peligrar la vida de quien disponga de mínimas defensas.
A estas alturas del siglo XXI, querer comparar un animal racional con uno irracional es ignorar la composición química del cerebro y las interconexiones neuronales de cada uno. Se ambiciona, desde algunas asociaciones bastante desorientadas, discriminar a la especie humana racional y favorecer a la especie animal irracional, que no tiene conciencia de sí misma.
¿Por qué la sociedad tiene que aceptar que para relajarse es necesaria la compañía de mascotas de todo tipo y condición? ¿Dónde están publicados los estudios realizados y con cuántos ejemplares? ¿Se han realizado a doble ciego? Probablemente se haya iniciado ya una dictadura más que obtiene intereses pecuniarios de los inocentes.
Si los amantes de las cuatro patas consiguen que los animales que van al matadero sean sacrificados bajo anestesia, la cesta de la compra se encarecerá y el fármaco administrado pasará a la cadena alimentaria, lo mismo que los antibióticos con los que están tratados todos los animales de granja.
Si un animal pudiera elegir entre los de su especie y la especie humana no tendría la más mínima duda de que se inclinaría por lo suyo conocido, porque en este planeta azul todo está compartimentado y estancado.
Los bebés como las mascotas terminan sufriéndolos los vecinos, y sin pedir opinión. Y no todas las personas aceptan disponer de una mascota a sus pies.
Si las cuatro asociaciones ecolólogas españolas, subvencionadas por los contribuyentes con más de doce millones de euros a sus más de treinta mil miembros, significa que algo está fallando cuando mantenerlos resulta tan caro para la sociedad.

ALFONSO CAMPUZANO
               
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jueves, 31 de octubre de 2019

EMBAUCANDO

La obsesión, casi psiquiátrica, por la divulgación alarmista del cambio climático, hace pensar que existen intereses económicos muy oscuros – Alfonso Campuzano

Conviene recordar que el cambio climático nunca ha sido ni es algo nuevo, sino que su continuidad se manifiesta desde el pasado hacia el futuro, en el que ha habido contrastes de temperatura en diferentes territorios, tanto a distintas horas del día como de la noche, y en las diversas estaciones. Sin embargo, gracias a la tecnología, la percepción ha dado un salto tan cualitativo –casi exponencial–, que urge descubrir la realidad con más rapidez que cualquier vehículo, por muy supersónico que sea.
Durante el primer lustro del presente siglo no se hablaba más que del famoso gas ozono (O3), como principal causa –ya abandonado, por quién sabe qué particularidad–, sobre todo al darse cuenta de que, según la época del año, aumenta o disminuye, poniendo como límite inmediato a la presunta hecatombe climática que, afortunadamente no ha ocurrido, al lograr sobrevivir el planeta azul una docena de años a tal vaticinio destructor, lo que significa que toda profecía está servida para que sea transformada, de manera que, al no resultar ciertos tales augurios, han arremetido nuevamente con la ampliación del número de años para la venida del desastre futuro.
Ahora, según los gurús alarmistas del clima, se trata de otros gases –encabezados por el CO2, indispensable para que se desarrolle el reino vegetal–, que se les ha dado en calificar de invernadero, cuando lo que se dibuja en el horizonte es que hay múltiples causas –tanto endógenas como exógenas, tanto naturales como artificiales, productoras del deshielo–, poco o nada investigadas, que sólo con nombrarlas provoca tanta alarma que, cada una, requiere un grupo de trabajo serio para conseguir encontrar soluciones creíbles, proporcionalmente directas, que atajen el problema en bloque sin centrarse únicamente en un único impacto gasista, como se pretende, porque lo sencillo –y que proporciona más dinero al bolsillo–, es el verbo embaucar, ya que semejante oficio es tan antiguo como el ser humano, pues nada más tenemos que asomarnos a la ventana de la Historia.
Ciertos medios de comunicación viven del alarmismo social –sin él perecerían, es su modus vivendi, y hay que aceptarlo, pero separando la ficción de realidad–, siguiendo unas directrices extrañas, dictando números y más números, lo cual es importante, pero más aún tener sobre la mesa proyectos con los que atajar el teórico problema, no actual, sino venidero, cuando tenga que ser.
Se toman notas inexactas del llamado caldeamiento mundial, cuando tendría –como siempre ha sido–, que ser zonal o territorial, quizá debido a falsificaciones y enmascaramientos durante las investigaciones, adulteración de los registradores de temperatura –insuficientemente repartidos por la corteza terrestre–, han conducido posiblemente a unas inspecciones fraudulentas que han ocasionado una confusión colosal de la que nadie está totalmente recuperado. 
El ser humano es propenso a elucubrar sobre el futuro, como si conociera lo desconocido, fundamentado en bases imaginadas, mientras se olvida que son dinámicas. 
¿Es posible que las presiones que se ejercen sobre la publicidad alarmista del calentamiento global obedezcan a intereses confabulados en un plan para vender electricidad –un tipo de energía, que no se instaura ni se desintegra, se atenúa, se atesora, se modifica, se transmite–, en vez de combustible sólido?
Y, como colofón, para los que aún no les ha llegado la noticia, la obtención de electricidad también contamina, y mucho.

ALFONSO CAMPUZANO
                
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lunes, 21 de octubre de 2019

ATAVISMO POLÍTICO

La evolución de los partidos políticos desde su autarquía hacia la democracia, y siempre desde el punto de vista del bien común, es una utopía – Alfonso Campuzano


Las continuas imprecisiones de los políticos se parecen, cada vez más, a las previsiones climáticas de los meteorólogos, que sólo sirven para hacer la ola un ratito sin excederse en el tiempo, porque sus modelos se esfuman en cuanto aparece una borrasca, transformada en una ciclogénesis.
Si los impuestos, casi esquilmatorios, tanto directos como indirectos, no fueran tan elevados –superiores a lo habitual europeo, y por encima de las posibilidades de la mayor parte de los contribuyentes españoles con más de tres millones de desempleados y más cuatro millones en exclusión social–, no habría necesidad de despilfarrar tanto dinero en macrosubvenciones, porque subvencionar por subvencionar a diestro y siniestro, mediante ignorancia económica, gracias a su aumento cada año, no significa saber gestionar el dinero público encaminado hacia el bien común, sino abocar directamente hacia un malestar social definido como bancarrota, al aumentar la deuda pública al mismo ritmo que la corrupción partitocrática.
Las subvenciones desmadradas intentan redistribuir el dinero público –que ocupan, se dice bien, el 40% de la recaudación tributaria–, independientemente de la financiación de macroinversiones, habitualmente a fondo perdido; ayudando a la creación de empleo; distribuyendo entre Fundaciones, Centrales sindicales, Partidos políticos, Elecciones de todo tipo, etcétera, con propósitos perfectamente privados, como una forma moderna de comprar los votos de los electores, en lugar de pagarlo con cargo al bolsillo de los políticos demagogos.
Antaño se compraban los votos –a la luz del día, y en efectivo–, con el dinero salido del bolsillo de los políticos de marras. Hogaño –superada la vergüenza ajena–, se compran los votos mediante un sistema apesebrado de redistribución de rentas –macrosubvenciones y macroinversiones, muy mal repartidas, que recaen en personas y entidades que no se lo merecen–, de manera que en este paisaje vitriólico, a través de la Historia, se continúa viendo cómo a los partidos izquierdoides –cuya fijación psiquiátrica es que toda la sociedad lo sea–, con sus políticos más fanáticos, les encanta subvencionar con el dinero que no es suyo, utilizando a los votantes como escudos humanos.
Si la recaudación, casi esquilmatoria, se redujera también se restringirían las subvenciones, de manera que se conseguiría que no fueran a donde no deben ir. Todo el mundo conoce a personas subvencionadas, casi sin ningún criterio justificado, pero no hay posibilidad de reducirlas si no se limita la recaudación de impuestos –directos e indirectos–. Por tanto, menos subvenciones y más facilidades para invertir mediante créditos a interés cero.
Sin embargo, de la Ley del Péndulo –y más en Política–, por mucho que se rían o se froten las manos, nadie se salva. Los más de cuarenta años constitucionales han descubierto el gran engaño de todos los políticos: ningún partido, salvo mirar la faltriquera, con vistas a aumentar su patrimonio personal futuro, ha sido capaz de orientar, a unos y otros, hacia un pacto de Estado de todo lo importante que riega el bien común, que impida continuar amplificando escrupulosa y premeditadamente las discrepancias regionales.
Convendría recordar que para acceder a un puesto laboral, sea público o privado, se requiere un examen psicotécnico, el que sea, además de una entrevista personal; sin embargo, para ser político se exige una urna, más o menos sellada, además de un sistema informático operativo capaz de averiguar el resultado final, desconociendo sus habilidades gestoras. En los curricula de políticos de cualquier país, España no se salva, se encuentran personajes que se atreven a elaborar leyes, cuando tiempo atrás estaban fuera de la ley.
Una vez llegado el partido a nivel de neocasta, le sigue preocupando conseguir sobresueldos propios cuando lo que se merece es un garrotazo goyesco, porque qué sería de un político si no supiera mentir.

ALFONSO CAMPUZANO
            
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viernes, 4 de octubre de 2019

SOCIEDAD MEDIOCRE

Una sociedad que tiene insertado el miedo en el cuerpo, y rodeada de una inestabilidad permanente, es fácilmente manipulable – Alfonso Campuzano

La sociedad española, entre masoquista y conformista, ya no elige entre los mejores de cada añada, sino entre los mediocres, porque entiende como lenguaje los tonos bajos referidos a los casi desaparecidos valores morales.
La sociedad española, tan arropada por la mediocridad, ya no diferencia entre lo bueno y lo mejor, sino que se queda en la medianía de los últimos cuarenta años, al soportar estoicamente una Ley Electoral tan injusta que premia a partidos independentistas, nacionalistas, supremacistas, que teatralizan su chalaneo mediante la pedigüeñez aceptada. 
La sociedad española, tan mentida como advertida, ya no distingue entre el asentimiento y el asentamiento cuando elige a personajes de pasarela bien arrebozados por sus palmeros.
La sociedad española, tan sedada como anestesiada, confunde la ficción con la realidad, al aspirar a que todo sea gratis, a cambio de aceptar sin rechistar, la costumbre de votar a los políticos mantenidos con los impuestos ya marcados.
La sociedad española, tan aquejada de una enfermedad tumoral –léase políticos–, incubada institucionalmente durante los últimos 40 años, cuyo tratamiento, sí o sí, es extirparla mediante el voto adecuado, aunque si no acierta, pese a la prevención, no se admiten quejas, mientras corre hacia el futuro a la velocidad de tortuga.
La sociedad española observa cómo los políticos arrastran una culpabilidad penal de la que fácilmente se zafan –por ahora–, cada vez que delinquen malversando supuestamente el dinero de los impuestos, casi esquilmatorios.
La sociedad española contempla cómo los políticos acarrean una responsabilidad política cuando no aceptan rectificar cada ocasión que incumplen sus promesas, que hoy en día no son juzgadas ni penalizadas, aunque ya se verá en el futuro.
La sociedad española percibe cómo los políticos originan una transgresión moral, en cada oportunidad que se les presenta, para engañar la confianza de los votantes. 
La sociedad española advierte cómo los políticos atraen un compromiso metafísico –que probablemente no sepan de qué se trata–, en cuanto ponen en riesgo la vida de los ciudadanos humillados hacia la pobreza.
La sociedad española asiste atónita a la exhibición de currículos falseados de políticos sin propósito de enmienda, y sin dimitir.
La sociedad española está estupefacta ante el mercadeo de la libre designación de personas para cargos importantes sin capacidad meritoria y sin necesidad de acudir a desempeñarlos, aunque con nómina cienmileurista.
La sociedad española está pasmada ante autoridades –con el sello de su partido impreso a fuego–, que disfrutan de medios oficiales –pagados por los contribuyentes– para eventos privados, incluso juergas, pensando que tienen un crédito para gastar un dinero que no es el suyo propio.
La sociedad española está desconcertada ante el zalameo político de dirigentes –que con absoluta desidia incumple las leyes, pero con su boquita dice ser constitucionalista–, con anticonstitucionalistas, golpistas civiles, independentistas, proetarras defensores de delitos de sangre, esbirros portadores de antecedentes penales por asesinatos, demostrando patentemente la debilidad del Estado español.
Lo que ocurre en la sociedad española no es por pura casualidad, sino por pura causalidad política, ya que quienes tienen que poner orden y concierto no consiguen coordinar bien sus neuronas en cuanto ascienden algún peldaño.

ALFONSO CAMPUZANO
            
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