miércoles, 21 de junio de 2017

PELELISMO POLÍTICAMENTE CORRECTO


Peleles, de clase y condición genéticas, haberlos, haylos de siempre; sin embargo, la última hornada está copada por una deformación políticamente correcta – Alfonso Campuzano


Actualmente se vive una época de la sociedad española en que parece como si la mente se hubiera trastornado, partiendo de la familia poseedora de una escala de valores cercana al cero, terminando por ensalzar el buenismo, el bienquedismo y, por supuesto, el pelelismo de lo políticamente correcto.
El quehacer diario de la administración que se vive, durante los últimos cuarenta años, se ha cuestionado, por infructuoso, y hasta nocivo, para la seguridad de los países, en su deriva hacia políticas pseudohumanitarias basadas en auxilio social, poco meditado y sin atenerse a la realidad cotidiana; en la defensa de un ambiguo y popularista concepto del multiculturalismo; en la reordenación de la riqueza; en criterios imprecisos, que tratan de contentar a todo el mundo, sin tener en cuenta los casos particulares, o las consecuencias, a largo plazo, de tal o cual actuación.
Se ha ido comprobando, poco a poco, que la llamada política de corte buenista de compensaciones económicas generosas, porque sí, sin más, sin exigir nada a cambio, nada más que el sesteo; o bien una política basada en una falsa reconciliación como fórmula ideal para evitar conflictos, tanto a nivel interno como internacional; cuyo final se advierte al estar favoreciendo el desarrollo de fenómenos sociales muy negativos como, verbi gratia, el asentamiento de grupos fundamentalistas islámicos, el pegotismo, la tensión urbana, etcétera.
Todas estas actuaciones buenistas, desde la otra acera, se traducen como un indicio de flaqueza, que inaugura el itinerario facilitado adecuadamente para sugerir nuevas e intolerantes reivindicaciones.
El aumento de la tolerancia generalizada, mal interpretada, mediante regímenes partitocráticos, en aras del pelelismo de lo políticamente correcto y del temor, que no real, dentro de la UE, hacia comportamientos problemáticos, como descartar la legislación elemental del anfitrión, para no lastimar la sensibilidad de una comunidad específica y hospedada; como el relajamiento en la disciplina, que afectan a la sociedad, con el objetivo de conseguir una mejor relación, sin una educación básica familiar; como permitir el camino hacia el establecimiento, y reconocimiento, sin remedio, por acatamiento, autorización, cesión, sometimiento, a múltiples dictaduras minoritarias intolerantes, incluida la religiosa, y sin contemplar siquiera la herencia genética previsible para que salte la alarma.
Los principios conseguidos por la cultura occidental, ante cualquier política de asilo, son irrenunciables ante cualquier avalancha multicultural. Si entre las diferentes tendencias del multiculturalismo no existen valores morales, por no haber sido educados hacia el respeto mutuo, sobre todo hacia el país que han elegido para desarrollar, no para conquistar, de nada sirve fomentarlo.
Ante esto lo más habitual es que estas personas, tratadas con el máximo respeto, se ríen de las costumbres de la nación acogedora manifestando que los oriundos son unos ignorantes. ¿Dónde está su tolerancia? ¿De qué ignorancia hablan? ¿Dónde están las obligaciones para con quien les da refugio para poder disponer de unos derechos que piden a gritos? Se debe exigir, igual que a los oriundos, un do ut des entre derechos y obligaciones.
La incultura y el miedo, que fomentan los políticos para su beneficio y para continuar sentados en el poder, acerca la fobia a otras culturas, y no les interesa preparar a los que reciben como tampoco les exigen la integración.
Con los miles de millones de humanos que existen en este planeta azul, las autoridades deberían ponerse serias: las emigraciones económicas, o fruto de las guerras, no pueden ir siempre en la misma dirección occidental, como lo están haciendo, no se puede tirar mucho de la cuerda, porque acaba rompiéndose, hay que poblar todo aquello que esté despoblado y, por supuesto, invertir.

Alfonso Campuzano
            
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martes, 6 de junio de 2017

ENTRE TORPEZA Y VELEIDAD

Tenemos a nuestra disposición unos partidos políticos, entre mediocres y tóxicos, entre relajados en valores morales heredados y repletos de codicia y megalomanías – Alfonso Campuzano


El camino, iniciado en 1978, bajo el amparo de casi cuarenta años constitucionales, se ha ido sembrando de partidos políticos que han ido ejerciendo, y aun ejercen, una toxicidad ambiental, relajada de valores humanos que, como mochila, traían una bomba con espoleta retardada, en plan de metamorfosear paulatinamente el desacato a la Constitución y a la Justicia, ante la pasividad del Gobierno de reemplazo, sin que los votantes, subidos en la nube, hayan logrado desprenderse de las anteojeras.
La Historia de España escrita, pese a los miles de intentos de hacerla desaparecer, en cualquier época, casi siempre dictada por el mismo gen suicida, mediante criterios mediocres y heredados, nunca faltan testimonios, difícilmente puede ser borrada totalmente por la legalidad administrativa vigente, una forma torticera de administrar Justicia ante la Historia, salida de los Juzgados, que no evita ser el resultado de una revancha.
Disfrutamos de políticos con una megalomanía que no puede ser contrarrestada ni contenida gracias a la normativa dictatorial de sus partidos que, sin haber mostrado ni demostrado que saben gobernar, y menos administrar, tanto el bien común como el dinero de los impuestos, se atreven a presumir de saber hacer Leyes, que se suman, con algunos errores gordianos, a las veinticinco mil ya existentes, gracias a la tolerancia exhibida por los contribuyentes y votantes, que continúan permitiendo veleidades.
Mal puede ir el sistema cuando, el poder de los partidos políticos, a cualquier nivel, es lo que tiene, una vez conquistado, en su codicia, y despreciando la valía de sus electores ante las urnas, no cabe duda que siempre con ayuda de la ignorancia, generada por el buenismo y el bienquedismo, y del pelelismo, aferrado tan sólo a él, en una lucha sin igual, aplicando servidumbre, y mientras dejan, altera la convivencia ciudadana. Sin contar con que existen personajes que en su alardeo de laicismo demagógico, casi ignaro, reconocen solemne y socialmente a cualquier cultura, y no digamos religión, extraña a la suya, que le vio nacer.
Paulatinamente se ha ido instaurando, hasta casi desaparecer, quizá consentido, la modificación de la solidaridad entre regiones, en función de lo recaudado, gracias a la compra de votos políticos, mediante inventos de bonificaciones, subvenciones o quitas, incluso exenciones económicas, emisión de favores debidos a quienes no les corresponden por ser injustos, que rompen un principio constitucional; dañando la coordinación; provocando inseguridad jurídica; cediendo Tributos; adjudicando transferencias del Estado a través de los fondos de compensación; desencadenando graves desigualdades en la fiscalidad, sobre todo el anacrónico e insolidario régimen foral de Vasconia y Navarra, incuestionable regalía, que no tiene equiparación con el resto de las regiones españolas, y menos aún con la UE, pues facilita sustracciones hacendísticas, a la vez que extorsiona al Estado.
Y es que la sangría de dinero desencadenada entre el personal dirigente del Gobierno central y regiones autonómicas españolas es comparable a cualquier país riquísimo, al ser más edificante merodear, y rodear charcos, que dedicarse a chapotear en ellos cuando no va a conseguir vaciarlos.
Porque cada ciudadano es libre de sedarse, o anestesiarse, mediante el aliciente de un discurso que esté lo más acorde posible con sus conexiones neuronales.

Alfonso Campuzano

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lunes, 29 de mayo de 2017

GUERRA DEL AGUA


Aparte de intentar infructuosamente descontaminar el planeta azul, no estaría mal dedicar más tiempo a estudiar el comportamiento y aprovechamiento del agua – Alfonso Campuzano



El planeta azul, donde tres cuartas partes son agua, que no se recicla ni se depura lo suficiente, alberga territorios en los que escasea el agua, lo cual, aparte de una barbaridad, no tiene mucho sentido.
Estos territorios, donde reina la sequía, a lo largo de millones de años, nunca han sido los mismos, sino que varían, dado que el planeta está en continuo movimiento rotacional y transnacional espacial, y según cambios climáticos.
Ciertos científicos consideran que, en la actualidad, las inundaciones, las largas sequías, las olas de calor, se han incrementado, sin haberse detenido a analizar suficientemente lo pasado, incluso lo antepasado, por no haberlo vivido, cuando las noticias, si llegaban, atrasaban meses o años, merced a las caravanas, por tierra, y a los veleros, por mar.
Otros, sin embargo, piensan que el clima está en manos de ingenieros militares, utilizándolo como un arma, con la intención de alterarlo en beneficio de ciertos países, en busca de nuevos recursos; modificando los movimientos orogénicos; administrando procedimientos nutritivos y agrarios; amplificando y ocasionando incidentes recurrentes tipo seísmos, estiajes, riadas; utilizando elementos virales, fracciones irradiantes, vaporizadores macromoleculares, con lo que su imaginación bordea la ciencia ficción o el realismo fantástico.
Es habitual que se hable con detenimiento de la atipia del cambio climático y del calentamiento global; y apenas se detiene en analizar la posibilidad, no muy remota, de escasez de agua, que empieza a ser un problema mundial, sobre todo en Eurasia, fundamentalmente en India y en la zona del mar Caspio, debido al agotamiento de los acuíferos y a la sequía prolongada.
Cuando los ríos, incluso lagos y mares interiores, alteran o reencauzan su curso, desaparecen o sufren el desenlace de una desecación, ante los ojos de un espectador asombrado, hay que verlo desde el punto de vista natural, aunque no deseado ni reconocido, porque el agua, mal que pese, siempre va a discurrir por donde más fácilmente sea su curso, llegando a lugares remotamente impensables para la mente humana, debido fundamentalmente al desgaste, tsunamis, vibración de la cáscara terráquea, lo que indudablemente conduce a una escasez de agua.
Al no haber previsto, para su solventación, la gestión de tan importantes recursos hídricos, ya sea mediante centrales potabilizadoras y desalinizadoras; ya sea mediante el descubrimiento, el proceso, la reparación de filtraciones en las distribuciones; sin obviar del aprovechamiento de la electricidad que se pudiera generar.
A principios de los años setenta decía una persona anónima, aunque conocida, y ya fallecida que, con lo que cuesta construir una central nuclear se podrían construir cien centrales desalinizadoras, en territorios costeros, antes de que la escasez de agua llegara a ser notable.
En cuanto a los hábitos alimenticios, con el fin de que no agobie, tanto la actual como la futura escasez de agua, parece ser que hay una tendencia paulatina hacia el cambio, desde los vegetales a los animales, fundamentalmente dependiendo de que, en su desarrollo, utilicen mucha o poco agua, a la que se pretende llamar estela azul.
Para ello, en el mercado ya existen productos que se denominan hidropónicos, porque crecen en medios totalmente diferentes a los terrestres. Y productos transgénicos, que se desarrollan una vez que ha sido modificado genéticamente el organismo original. 
Aunque difícil de comprender es que, como especie coprotagonista, los humanos participan activamente, tal y como lo hacen las demás especies, en este planeta azul de acogida, como seres vivos que son, en el que, para sobrevivir, unos se alimentan de otros, contribuyendo a su dinamismo evolutivo, proporcionando cambios y transformaciones ambientales, más o menos paulatinas, porque la vida sin contaminación no es vida.

Alfonso Campuzano

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