jueves, 23 de septiembre de 2021

EL DESACUERDO CLIMÁTICO

Sin polémica no hay avance científico y sin avance científico nace el oscurantismo del que se aprovechan los clarividentes – Alfonso Campuzano


Si las emisiones de CO2 continúan aumentando, pese a la disminución de la actividad humana, significa que la etiología no es única, sino que es privativa de otros tantos factores mucho más difíciles de descubrir, pero que no interesan a fin de continuar manipulando a la población mediante un discurso destructivo, evidentemente intrigante. Sin embargo, se llega a olvidar que el vapor de agua es mucho más perjudicial.

Sería más interesante y efectivo preocuparse de la salud humana que hacer florecer eventualidades manejadas por oscuros clarividentes que ocultan intereses escatológicos, y que sólo a ellos benefician. Porque si ya ha ocurrido con anterioridad lo que está aconteciendo, y está registrado, no se trata de un cambio.

Entre las causas que pueden conducir a un calentamiento terráqueo están las siguientes, y diversas: la energía propia de la naturaleza terrestre, el inestable eje terrestre imaginariola variación de la velocidad de rotación y de traslación del planeta azul, el dinamismo complementario de los océanos glaciares Ártico y Antártico, el fenómeno El Niño-Oscilación del Sur o E.N.O.S., la actividad volcánica con sus gases rebajan la temperatura llamada global y que actualmente hay cerca de dos millares de volcanes activos en el planeta azul, de los cuales, más de una veintena están en erupción, cuya materia expulsada será proporcional a terremotos que desplacen las placas tectónicas hasta acoplarse durante la rotación y traslación por el sistema solar, el enfriamiento del núcleo terrestrela eficacia de la actividad solar dinámica con sus tempestades, explosiones, tornados, que influye en todos los planetas del sistema, los brotes de radiaciones ionizantes partículas alfa y beta, rayos gamma, rayos X, el impacto de meteoritos y asteroides perdidos en el espacio interestelar, la chatarra espacial, la peligrosidad tóxica de los gases aumenta cuando se reúnen zonalmente, los cataclismo provocados, las guerras territoriales interminableslos pesticidas, los fungicidas, las semillas genéticamente modificadas.

Sin embargo, perece ser que existen proyectos, eso sí muy inciertos, que intentan ralentizar el mal expresado calentamiento global siempre es territorial, nunca jamás global, dada la estructura esférica planetaria, dando lugar al nacimiento de una nueva industria, en ciertos países como Alemania, Australia, Canadá, Chile, Corea del Sur, Estados Unidos, India, Islandia, Noruega, Suiza, con su pretensión de almacenar, filtrar, petrificar, el CO2, ya sea bajo tierra, ya sea en el fondo oceánico, sin olvidar que gracias a este gas existe la vida, porque si se rompe la cadena vegetal, el animal se extingue.

El ser humano, cuyo número de nacimientos aumenta exponencialmente cada segundo, necesita respetar a la Naturaleza para sobrevivir en este planeta azul, teniendo en cuenta que lo que vulgarmente se llama esquilmar y despilfarrar la riqueza natural es ni más ni menos que utilizar sus recursos. Lo que se llama alterar el equilibrio ecológico, desconociendo lo que se entiende como tal, es utilizar simplemente lo que ofrece. Lo que se llama trastocar la biodiversidad, sin que se sepa lo que es, es porque el humano ha inventado la palabra y utilizado su imaginación. Además, no se desprotege la conservación de animales, sino que todo lo débil, absolutamente todo, desaparece por ley natural.

Causa extrañeza que los políticos exhibicionistas no acepten razonamientos científicos, sobre todo si se enfrentan a sus ideas. Y lo más probable de todo es que los modelos científicos climáticos no se cumplan, como ya viene siendo habitual.


ALFONSO CAMPUZANO

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jueves, 9 de septiembre de 2021

MEMORIA RECUPERADA

Tanto la Ley de Memoria Histórica como su continuación la futura Ley de Memoria Democrática, son tan simplistas como que parten de una premisa falsa — Alfonso Campuzano


Las asociaciones para la recuperación de la memoria histórica, cuyo ejercicio más sobresaliente con más o menos éxito, y con cargo a los impuestos de los contribuyentes, trata de ejecutar exhumaciones en fosas clandestinas identificadas o no. Sin embargo, parece ser que se olvidan de que aún existen por parte de los dos bandos enemigos, y no sólo de una de las partes, con una antigüedad de casi nueve décadas, han olvidado la premisa de que han sido consecuencia de una cruel y desgraciada guerra civil. En los últimos quince años han gastado 31 millones de euros en localizaciones y exhumaciones, sin llevar al día el estado de cuentas, peor aún, ignorando los resultados, sin que conste un cómputo, una base oficial de datos o informatizada o codificada, lo que significa malversación de dinero de los contribuyentes.

Una guerra civil donde no había leyes ni normas que se cumplieran y si las había nadie las cumplía, o mínimamente, donde parientes, amigos, vecinos, se trataban no demasiado bien, incluso con desprecio, quizá por envidia acumulada, y según soplara el viento de cada día, incluso por un quítame allá esas pajas.

En las diferentes versiones escritas por historiadores oriundos y extranjeros se entrelee lo que el sentir popular ha dicho, y redicho, pero que cierta parte de la sociedad no ha querido escuchar a los políticos de turno.

En vanguardia, el cuerpo a cuerpo en raras batallas se dio, porque lo habitual era ver de lejos al enemigo, incluso no verlo, con o sin disparos. Sin embargo, en la retaguardia también se libró otra guerra civil, si bien diferente en su concepción, donde en la distancia corta, pueblo a pueblo, barrio a barrio, vivienda a vivienda, actuaba un sicariado con órdenes muy precisas donde las personas paseadas –con nombres y apellidos– eran ajusticiadas, sin juicio previo, casi a diario.

Casi todos los pecados capitales unos más que otros, tuvieron su protagonismo en las llamadas sacas nocturnas. Los participantes hacían eco de su debilidad material emponzoñada por el adoctrinamiento que largos años duraba. Se trataba de un juego macabro en el que predominaba la avaricia, la envidia, la ira, concluyendo la propaganda publicitaria de boca a oreja que enfangaba al bando contrario, al adversario, al enemigo, cuando estaba claro que sus allegados, más o menos lejanos, habían apretado el gatillo, pues con nocturnidad y alevosía se cometían asesinatos entre personas que no se aguantaban, aunque fueran del mismo partido o del mismo sindicato, con el fin de aprovechar el momento para rapiñar y usurpar latifundios y negocios.

Los partidos políticos como PSOE (Partido Socialista Obrero Español), IR (Izquierda Republicana), UR (Unión Republicana), ERC (Esquerra Republicana de Cataluña), PCE (Partido Comunista de España), II (Independientes Izquierdistas), FAI (Federación Anarquista Ibérica), POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) y sindicatos del Frente Popular CNT (Confederación Nacional del Trabajo), FAI (Federación Anarquista Ibérica), UGT (Unión General de trabajadores) se odiaban entre sí, eran el espejo donde se miraban los diferentes gobiernos entre 1931 y 1939.

Desaparecidos ha habido en los dos bandos contendientes, aunque políticamente correcto, hasta el momento, es hablar sólo de uno y olvidarse del otro, por victimismo, por resentimiento, por revisionismo, por revanchismo, porque documentación histórica para analizar con detalle hay más que suficiente, pues nada tiene que ver con la propaganda política, que envenena a mentes ignaras, que no desean salir de su espacio confortable y facilón al hablar de represaliados.

En ambos bandos contendientes había republicanos, lo que habitual e interesadamente se olvida. Y como en toda contienda hubo un vencedor y un perdedor. Nada extraño. Hablar de genocidio es un vocablo extremadamente grueso e infundado. Tras el final de la confrontación hubo juicios como en todas las guerras para conocer quienes tenían delitos de sangre, que eran pagados con la vida o bien conmutada la pena a cambio de trabajos como la construcción del monumento a los caídos de ambos rivales en el valle de Cuelgamuros, en plena sierra de Guadarrama.

Transcurridas más de ocho décadas, y con el fin de recuperar una memoria indulgente debería ser necesario abandonar el espectro político, y sin acritud, abundar en el olvido del odio sembrado por políticos sectarios que ha prendido en la ciudadanía.

Hurgar en el pretérito con ánimo utópico de tener razón no conduce al perdón, sino a soliviantar, porque quienes no han vivido el pasado no tienen obligación ni derecho a juzgarlo en el presente, y menos aún en el futuro.


ALFONSO CAMPUZANO

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jueves, 2 de septiembre de 2021

PROGRESÍA EN EL SIGLO XXI

Las más de cuatro décadas vividas prósperamente por los políticos deben hacerles reflexionar reseteando la mezquindad, el despilfarro, la incautación, dirigida contra los contribuyentes – Alfonso Campuzano


Fue a mediados de los años ochenta cuando el horizonte político se vio ampliado a través de la niebla al descubrir que la legislación emanada de las urnas se podía intervenir de tal manera que fuera una aliada más, y nunca enemiga, buscando la fórmula ideal para soterrarla ante los ojos de los seres humanos, mientras la hacían parecer como que fuera igual para todos, a la vez que se transformaban empresas destinadas a parecer lo que en realidad no eran ni pretendían serlo.

Las fumarolas de distracción estaban a la orden del día sin olvidar que continúan sin ser enterradas, porque a todos los gobiernos les sirven como defensa interesada, muy necesarias para no tener que sufrir auditorías ni inspecciones engorrosas, eso sí, engrasando el engranaje de la correa de transmisión para no perder ni un solo céntimo. Porque ¡hay del momento en que se fractura! Todo son desventuras que cuentan hemerotecas y videotecas.

Así que hay que disponer de un insistente diario ejercicio de buen estilo para saber leer entre líneas, lo mismo que entretener al personal sumiso y votante en genuflexión permanente, con o sin vaselina a mano, haciendo alarde de definiciones vacuas como multinación, nación de naciones, nación multinivel, plurinación, etcétera, que atraigan a melindrosos, mientras se deja de lado la reflexión.

Es habitual repicar diferentes canciones con la misma letra para hablar del nacimiento de una hegemonía de hogaño cuando antaño no existía ni se la esperaba, desde el tiempo de la España romanizada, incluso desde el siglo XIII, donde no existían catalanes ni vascos, ya que estaban sumergidos en el conjunto, y sin destacar. Pero la siembra política ha dado con la falacia fructificada que se esperaba: “lo pide el pueblo”. Y así.

No pierde comba cuando su proyección de futuro está bloqueada por un pasado mezquino y rancio añora ser protagonista con el disentimiento exponencial en la provechosa búsqueda de la desigualdad de los sexos, ya no uno, sino varios y variedades.

Sin olvidar que lo sangrante, incluso evidente, con el paso del tiempo, es que se le ha visto el plumero: la ley, legislada por políticos, no para ellos, sino para los demás, pero a quienes, si llega el caso llegado ha, pueda procederse al archivo de la causa por dejación de funciones durante las instrucciones judiciales, o bien al indulto, que nunca ha servido para nada ni servirá y, sin rechistar, vuelta a empezar. Es lo que vulgarmente se llama, aunque no se llame, corrupción institucional.

El progresismo del que tanto se habla y escribe se ha traducido en un continuismo revisionista y resentido, anclado en el pasado, vampiro y perverso sexual al exhumar el cadáver de un Jefe de Estado preconstitucional fallecido 44 años antes, muy parecido a imágenes que muestran las hemerotecas de los años treinta del siglo pasado. Se habla, en mentideros más o menos políticos, de volver a por la segunda exhumación, también con un escenario parecido a una ceremonia masónica.

El remate que se avecina con la llamada Memoria Democrática segunda parte de la sectaria Memoria Histórica, es retroceder a la sombra del Medievo mediante el enmudecimiento de todos los historiadores hispanos y extranjeros.

Alguien tendrá que hablar ex cathedra para evitar un bochornoso futuro a nuestros descendientes.


ALFONSO CAMPUZANO

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