miércoles, 1 de julio de 2020

LAS CARPETAS ROJAS DEL ZULO (III)

Lo sucedido sobrepasa la fantasía cuando se trata de medrar en busca de potestad y riqueza – Alfonso Campuzano


La pregunta que surge, a bote pronto, es por qué cualquier jurista, y de oficio, no tiene el coraje de tomar nota, al menos actualmente, que obligue a instruir esta causa, que ayude a resolver judicialmente de un plumazo algo que aparece como tan evidente. La respuesta más inmediata es que hay familias –un 35% de la totalidad– que encargaron asesinatos por intereses ocultos y, de paso, cobrar herencias, siendo posible que no deseen que sus nombres sean propalados.
Asimismo, y que nadie se asuste, surge el pringue de personajes importantes del partido político P.S.O.E. –con un 60% de órdenes–, que muy probablemente no quieran que se airee este tipo de reputación tan vil, ya que debería ser ilegalizado y, como mucho, refundado.
Por último, en el epígrafe otros –un 5% de requerimientos–, que presumiblemente se opongan porque, entre ellos, figuran varios bufetes de abogados importantes (vídeo 22, vídeo 25, vídeo 26, vídeo 31, vídeo 33, vídeo 34, vídeo 36, vídeo 37, vídeo 38, vídeo 48, vídeo 60, vídeo 61, vídeo 62, vídeo 63, vídeo 64, vídeo 65, vídeo 66, vídeo 67, vídeo 75, vídeo 76, vídeo 81).
Una base de datos confeccionada por el ex fiscal José María Mena Álvarez –sus papeles– y nunca por Alberto Royuela como han pretendido malpensantes.
Es tan fuerte el muro de contención español que va a ser muy difícil el esclarecimiento de una realidad cada día más conocida, por no decir imposible, que algún jurisconsulto se atreva a instruirla, y tendrá que ser probablemente un tribunal europeo, o incluso estadounidense –el narcotráfico y sus ganancias también se mencionan en el expediente–, quien ponga la situación en el sitio que le corresponde (vídeo 32, vídeo 47, vídeo 49, vídeo 53, vídeo 72).
Lo más extraño de todo es que, en un principio, la cúpula del entramado facineroso descrito, estaba representado por el jurista Carlos Jiménez Villarejo –con cargo de Fiscal Anticorrupción en Barcelona, perteneciente al partido político podemita–, hasta que cedió su papel de protagonista a José María Mena Álvarez –con cargo de Fiscal Jefe de Cataluña–, autor de los papeles manuscritos que atesora la familia Royuela, además de persona muy influyente en la Logia Masónica española y uruguaya, con el grado vigesimoséptimo (vídeo 24, vídeo 27, vídeo 68).
Una de sus ocurrencias absolutistas fue ordenar que ingresaran cientos de magistrados en su sociedad secreta, que incluían la relación de seis asociaciones de jueces, prometiendo dinero y poder, además de jurar amargar la vida a quienes se negaran (vídeo 41, vídeo 85).
Ambos personajes, tanto Jiménez Villarejo como Mena Álvarez, se podrían calificar de presuntos sociópatas, de mente esquizoide, a la espera de que su legado pueda ser analizado por un psiquiatra (vídeo 23, vídeo 28, vídeo 35, vídeo 46, vídeo 50, vídeo 52; vídeo 57, vídeo 58, vídeo 59, vídeo 79).
Si el método aplicado no iba acorde con lo planeado se organizaba un acoso brutal hasta que cedía en el empeño y se producía el silencio perseguido. También están descritos chantajes a personas –seglares, sacerdotes, obispos, arzobispos– vinculadas a la Iglesia católica, a congregaciones, a diócesis, a Cáritas, al Partido Familia y Vida (vídeo 40).
Los peones del sicariado, compuesto por cerca de una treintena de delincuentes –desconocidos entre sí–, fueron eliminados físicamente en la “Operación Chumi” antes de abandonar el cargo de fiscal con motivo de su jubilación, (vídeo 29, vídeo 30, vídeo 42 bis).

ALFONSO CAMPUZANO
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lunes, 22 de junio de 2020

LAS CARPETAS ROJAS DEL ZULO (II)

El color rojo de las carpetas, consciente o inconscientemente elegido, hace pensar en su vínculo con la codicia (sentimiento), la supremacía (ideología), la violencia (conflicto de intereses), magistralmente expuestas en los manuscritos de sus protagonistas – Alfonso Campuzano


El método de extorsión empleado por el fiscal José María Mena Álvarez con fiscales, forenses, inspectores de Hacienda, jueces, magistrados, políticos –un total aproximado a doscientos, o más, de ambos sexos– era el encargo, durante un cierto tiempo, de una estrecha vigilancia de su vida, tanto íntima como laboral, para conocer sus movimientos de cuentas corrientes bancarias, sus opciones sexuales, si tenían amantes, si consumían drogas, además de otros hábitos ocultos, cuyos informes archivaba en la correspondiente carpeta roja e individual (vídeo 99, vídeo 107).
La táctica que utilizaba para amañar acuerdos sobre sentencias judiciales, incluso en las más altas magistraturas –más de ocho mil, en los que posiblemente perdieron los inocentes– basándose en el puro y duro chantaje, gracias al conocimiento exhaustivo derivado de la averiguación de datos personales profundos de jueces y magistrados, que incluían escuchas telefónicas, con la perversa intención de que prevaricaran, según su antojo, con veredictos al gusto, mediante el correspondiente soborno en metálico. Un ejemplo flagrante es la carta que envió el Fiscal General del Estado al presidente del Gobierno, manifestando que no sería imputado en el Caso GAL a cambio de compensar tres veces el valor en metálico de lo anteriormente acordado (vídeo 70, vídeo 75, vídeo 76, vídeo 79).
Para todo ello utilizaba a personas infiltradas que conseguían comunicaciones y averiguaciones bilaterales con varios tentáculos, que implicaban a policías y guardias civiles medrosos, quisieran o no. Una maquinación que llegaba hasta traficar con droga, que conservaba en neveras de ciertos almacenes, lo que producía pingües beneficios a repartir.
También, en dicho archivo, se encuentran los envíos manuscritos de anónimos de descrédito a todos los círculos personales de trabajo y ocio, que versaban acerca de relaciones sexuales entre hermanos, hijos y demás familia del fiscal anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo, diciéndole que el autor de dichos anónimos era Alberto Royuela.
El procedimiento aplicado en cometer delitos económicos, con enriquecimiento ilícito, como la evasión de  capitales hacia paraísos fiscales, ingresando dinero en dólares estadounidenses con la numeración de los depósitos bancarios pertenecientes a fiscales, forenses, inspectores de Hacienda, jueces, magistrados, políticos, en México, Galicia, Venezuela enlace censurado, México, Panamá, Canadá (vídeo 59, vídeo 69, vídeo 108, vídeo 109, vídeo 110, vídeo 119, vídeo 134), cuyas cuentas opacas fueron denunciadas ante la AEAT –léase Agencia Española de Administración Tributaria– sin que ningún cargo, bajo o alto, se diera por aludido. 
Ante la inaceptación de las denuncias –con acuse de recibo–, efectuadas en más de mil juzgados españoles, la familia Royuela decidió presentar dos querellas criminales en Barcelona –2006 y 2009–, que se archivaron, sin más. Así que decidieron probar suerte con la filmación de vídeos personales que actualmente están exhibiendo el tesoro que deseaban difundir sin que nadie quiera rescatarlo.
El camino recorrido no ha sido el esperado porque tanto la prensa oficial como los partidos políticos del arco parlamentario del Congreso no se atreven a hacerse eco de una realidad ya contrastada, aunque admitida, porque el entramado institucional jurídico derivado de la Constitución de 1978 habría que rehabilitarlo de principio a fin.

          ALFONSO CAMPUZANO
          
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miércoles, 17 de junio de 2020

LAS CARPETAS ROJAS DEL ZULO (I)

El archivo de carpetas rojas abrasa con fuego virtual a quien lo lee, porque el conocimiento paraliza su divulgación – Alfonso Campuzano


Ante la recepción, hace varios meses, de un whatsapp que enlazaba con un vídeo de sorprendente trama oscura e intrigante, la fibra sensible se alteró de tal forma que, al ver número y fecha, se contabilizaba una serie de ochenta y tantos más, cuya difusión había comenzado el 29 de julio de 2019, y aumentando cada semana.
Así que, día a día, utilizando tiempo perdido, la atención máxima se decantaba hacia lo que veía y oía en cada uno de ellos con duración entre media y una hora. Muchas horas. Aquel argumento no tenía nada que ver con todo lo conocido, ya fuera por lectura, ya fuera por películas, sino que se trataba del relato de un mundo sórdido e impensable para cualquier mente bien amueblada.
La exposición cruda de un tipo de corrupción judicial española nunca jamás contada, hasta el momento, manuscrita por los mismos protagonistas criminales, hacía pensar en un género de realismo fantástico.
En su conjunto, los vídeos –a fecha actual son más de 140– que unidos a la documentación acompañante hablaban de una investigación llevada a cabo durante veinticinco años por Alberto Royuela a la que se unió posteriormente Santiago, uno de sus hijos, que analizaron más de treinta y seis mil carpetas rojas, cada una con una veintena de papeles manuscritos, que han sido sometidos a pruebas caligráficas en España, Francia, Austria, y a estudio de huellas y ADN, que hablan de amaños, sobornos, atentados, extorsiones, delitos económicos, tráfico de drogas, en sus múltiple facetas.
El perfil de actuación descrito en este gran archivo manuscrito es muy parecido al de cualquier organización inteligente, más o menos secreta. Ante tal visión se descubre paso a paso la red criminal –una empresa de matar–, precisamente la que ponía en marcha los asesinatos encargados por entidades y particulares –dos por semana, hasta un total de mil ciento treinta y seis, de ellos unos doscientos cuarenta, descubiertos por la jurista y magistrada presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, María Eugenia Alegret Burgués–, muy bien acreditados, incluso anotando la correspondiente compensación económica.
El manejo era mediante un protocolo preestablecido para su sicariado:
–Encargo por entidad, según código 1017, o bien por parentesco, tal que esposo/a, hijo/a, yerno/nuera.
–Intervención telefónica para conocer los movimientos.
–Informe patrimonial a efectos de valoración del servicio.
–Visto bueno de eliminación física mediante un accidente de tráfico sin importar daños colaterales o bien a base de la administración de un producto químico, desestabilizador cardiopulmonar, causante de parada cardiorespiratoria.
–Asistencia del sicario al funeral para controlar a los familiares del finado.
–Intimidando físicamente a la familia, destrozando inmuebles, si fuera necesario, para que retirara la denuncia.
–Desarticulación y archivo de posibles diligencias judiciales de la unidad de la policía científica.
–Persuasión al laboratorio forense para la emisión de informes favorables a los intereses del solicitante, como si fuera un fallecimiento natural, mediante compra de voluntades, de que diera la conformidad solicitada, es decir, un dictamen sin vinculación, sin atender a las evidentes pruebas analizadas.
–Finalización del seguimiento hasta seis meses después.
Vayan por delante unos ejemplos a tener en cuenta: Intento de eliminación física de Mariano Rajoy (vídeo 38). Asesinato del teniente general Manuel Gutiérrez Mellado (vídeo 60). Asesinato de Antonio Guerra (vídeo 61). Asesinato del periodista Antonio Herrero (vídeo 65). Asesinato de Carlos Ferrer Salat (vídeo 81).


ALFONSO CAMPUZANO
               
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jueves, 16 de abril de 2020

SOBRE EL TECLADO

Los resultados de la tecnología pueden ser gravosos para el ser humano hasta que se descubren fórmulas de defensa – Alfonso Campuzano

Toda nueva tecnología siempre ha sido bienvenida porque –gracias a ella–, la evolución humana ha permitido que se adapte hacia alguna actividad en progresión exponencial, a la vez que desencadenando nuevos retos diarios –en cualquier ambiente laboral–, sin percibir sus consecuencias, no ya eventuales, sino definitivas e infinitas.
Todo conocimiento genera un progreso beneficioso, pero también desconocido, tal que si se produce un estancamiento, o un sabotaje, del que difícilmente se pueda escapar, incluso para los más avispados, puede originar un retroceso tanto inimaginable como indeseable, pues el propio planeta azul tiene varias experiencias acumuladas.
Los procedimientos tecnológicos actuales utilizan la digitalidad –totalmente virtual–, manifestada en un mundo paralelo que, tras cualquier error, desaparece a la vista, mientras que la analogidad se manifiesta en el plano de la existencia humana y no desaparece tan fácilmente.
Habida cuenta de que los cajeros bancarios están concebidos para interactuar mediante pantallas digitales, donde se escribe sobre un teclado fabricado en metal, o de plástico, donde quedan grabadas las huellas pasadas, presentes, futuras, donde a nadie se le haya ocurrido que la higiene es primordial para no transmitir enfermedades infectocontagiosas.
Y, ¿qué decir de los dependientes carniceros, fruteros, pescaderos, etcétera, que después de haber tocado la mercancía, continúan enguantados, utilizan el datáfono para cobrar lo expedido, una maquinita que, a continuación, se la ofrecen al cliente para que teclee su número secreto?
Por otro lado, están las pantallas digitales de los terminales que manejan ciertos operarios, ya sean repartidores, u otra clase de control, en los que el receptor tiene que firmar con el dedo, sin saber cuántas personas han tocado dicha pantalla, aparte del portador.
Hace años, utilizar un bolígrafo/rotulador propio era una solución para no tocar el ofrecido al público, que ignoraba cuantos dedos lo habían tocado, hasta que, como colofón, apareció en escena el puntero electrónico cableado hasta una pantalla en la que firmar, ya sea en bancos, supermercados, que a nadie se le ocurre limpiar después de cada operación, ni tampoco ofrecen una servilleta húmeda desinfectante.
Si bien es cierto que, en el mercado, y desde hace varios años, ya existen bolígrafos que tienen en el polo opuesto un plástico duro u blando para poder utilizar en diferentes pantallas digitales.
En conclusión, por parte del interesado, queda la opción de sospechar de cualquiera, antes de tocar objetos públicos, ya sea el teclado, ya sea el puntero electrónico, limpiarlos mediante toallitas húmedas –propias o cedidas– o bien percutir con un bolígrafo o lapicero propio, estando atento, muy atento.
Y esto, en plena pandemia de SARS-CoV-2 –antes COVID-19, y vulgarmente llamado coronavirus–, no cabe la menor duda de que hay que concienciarse, y concienciar a los demás, de esta situación, que cada día se normalizará más, aunque parece ser que, pese a haber sido comentado anteriormente en cada lugar donde ha ocurrido, y ocurre, nadie se daba por aludido hace una veintena de años.

ALFONSO CAMPUZANO
                
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miércoles, 1 de abril de 2020

LA GUERRILLA SILENCIOSA

La guerra convencional continuará existiendo territorialmente; sin embargo la guerrilla biológica será planetaria – Alfonso Campuzano

La noticia dio la vuelta al mundo, cuyo comienzo tuvo lugar en Wǔhàn –capital de la provincia de Húběi–, China, en el mes de noviembre del pasado año; sin embargo, fue el último día del año 2019 cuando la nación asiática declaró una crisis sanitaria, no sin antes haber comenzado a construir unas macroinstalaciones que albergarían a miles de personas afectadas por un virus desconocido. Menos de treinta días más tarde, el bicefálico gobierno socialcomunista español, hizo caso omiso de las serias advertencias de profesionales competentes en virología.
Como si de diplomacia se tratara, y con conocimiento durante la última semana de enero de 2020, declinaron alarmar a más de cien mil mujeres, que participarían en una cincuentena de manifestaciones autorizadas, sólo en Madrid, y algunas más en el resto de las provincias españolas, porque lo primordial, políticamente hablando, era mantenerlas en vigor, ya que el feminismo radical, por aquellos días, estaba efervescente y por encima de cualquier enfermedad infectocontagiosa grave y global.
Un gobierno al que le importaba poco, o nada, que las participantes, en su ignorancia, se contagiaran, porque el Comité Científico del bicho chino se constituyó dos semanas después de las manifestaciones. Se perdió un tiempo precioso, mejor dicho valioso, regado de absoluta falta de prevención sanitaria, ineptitud, negligencia, ante un enemigo minúsculo y poderoso capaz de aniquilar en pocos meses a la Humanidad.
Lo importante era mantener la bandera del egoísmo, mirar hacia el lado opuesto, arrastrar la amoralidad habitual, sin solucionar rigurosamente la ausencia de material sanitario como buzos protectores, guantes, mascarillas, respiradores, con pocas posibilidades de ser repuesto inmediatamente ni siquiera en momentos de mayor necesidad.
¿Cómo se puede creer que el ministro de Sanidad –cuyo titular es un filósofo, mientras que el ministro de Hacienda es una médico–, es capaz de garantizar soluciones logísticas a España ante un problema en crecimiento exponencial?
¿Es verdad que el ministerio de Sanidad autorizó romper al gusto la cuarentena del presidente y vicepresidente –ambos portadores y transmisores, debido a que sus familias están contaminadas y son transportadoras del bicho, y sin tener conocimiento desde cuándo–, que aparecieran ante los medios de comunicación como si estuvieran sanos? Se trata de un mal ejemplo hacia la población sufridora, debido a la imprudencia e irresponsabilidad de ambos, y de los tolerantes, ignorando lecciones microbiológicas.
La población mundial está inmersa en una guerrilla declarada, que se libra ante un potente enemigo que no bombardea, que no lanza misiles ni siquiera ráfagas de proyectiles, sino que acaricia y masajea mortalmente.
Las vivencias introspectivas diarias, además de las noticias transmitidas, prevén que el recuerdo de ciertas películas se han traducido en la propia vivida como protagonista, gracias a que lo virtual, tantas veces visto o leído, se ha hecho realidad en forma de pesadilla, traducida en una sensación esquizoide, por lo que se necesita el intermedio.
Ante esta tesitura sanitaria los algoritmos matemáticos marcan fallecimientos previsibles, que se podrían haber evitado si el gobierno, dejando de lado sus luchas internas, hubiera decidido afrontar el bicho –teniendo como ejemplo a China, Corea del Sur, Italia, y demás países–, haciendo los deberes.
Cuando se pide, desde las alturas, sacrificios a los de abajo, es habitual que ellos no se incluyan porque se consideran superiores. Sin embargo, en una economía de guerra, como la declarada tras la alarma sanitaria, cuya prevención ha sido un desastre, al finalizar la fase de internamiento actual, se conseguirá la libertad con abundantes lágrimas.
Cuando sólo sea un recuerdo, será el momento adecuado para que todo español de bien evoque el Código Penal en su artículo 142, exigiendo a los actualmente retratados por su desconcierto e ignorancia que, además de arrimar el hombro y el bolsillo, tendrán que responder por su aureola de ineptocracia, ante la imprudencia grave causante de miles de muertos, como reos de homicidios imprudentes, con la pena de prisión de uno a cuatro años.
Y, sobre todo, que el Fiscal General del Estado no se olvide de actuar de oficio. 

ALFONSO CAMPUZANO
 
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viernes, 27 de marzo de 2020

CALAMITAS CALAMITATIS


El egoísmo político es un freno hacia el bien común – Alfonso Campuzano


Las calamidades terrestres, una tras otra, son intrínsecas al planeta azul desde su origen, bien pudiendo ser endógenas, es decir, proviniendo del propio ambiente, o bien exógenas, procediendo del espacio exterior. Sin embargo, la nave interestelar ha ido adaptándose a través de milenios, cambiando épocas, adaptándose a situaciones extremas, y continúa sobreviviendo, sobre todo porque permite contarlo.
Otra cosa es que los seres –los más evolucionados como especie–, descubriendo alguna ley natural de cuando en cuando, aunque desconociendo la mayor parte, dependan de los menos evolucionados, resistiendo la representación de los más fuertes de todas las especies, mediante un pago por la estancia.
Sin embargo, los habitantes no son autosuficientes, sino que es el propio planeta quien abastece y sustenta. Tampoco son todopoderosos, aunque la soberbia humana hace que algunos se lo crean, de manera que lo desconocido –aparte de aterrar y fascinar–, es explorado hasta sus últimas consecuencias con intenciones varias, ya sean beneficiosas o maléficas, porque la Historia conocida ha mostrado, y demostrado, que va consiguiendo toda la gama de colores.
Los investigadores, en diferentes campos de la ciencia, en un cierto momento de su existencia, descerebrados o no, se han creído dioses, aunque sin manifestarlo, así que partiendo de una premisa, verdadera o falsa, de que si el ser humano ha sido creado –según los textos sagrados–, ¿por qué el ser humano no puede crear?
Y en la época actual, después de una veintena de años en que se consiguió clonar a un mamífero a partir de una célula adulta –la oveja Dolly–, se han dado casos de epidemias –guerrillas biológicas–, generadas por virus más o menos manipulados, inmensamente contagiosos, bien sea por la naturaleza, bien sea por la mano del hombre, en forma más o menos gripal, con lo que se puede hacer un poco de memoria.
Comenzando con la pandemia de Gripe Española (virus H1N1), en 1918-1919, que causó entre cincuenta y cien millones de muertes a nivel mundial y sólo trescientos mil en España. ¿Cómo es posible que la población española transmitiera tal enfermedad, sin haber salido del territorio, con una mortalidad entre 0,3% y 0,6% mundial, cuando no participó en la Gran Guerra (1914-1918)? Nunca es tarde para desagraviar, cambiar el nombre, y pedir perdón.
A continuación se declaró la pandemia de Gripe Asiática (virus H2N2), en 1957-1958, que ocasionó la muerte a dos millones de personas en todo el mundo.
Una década después, la pandemia de Gripe de Hong Kong (virus H3N2), en 1968-1969, provocó un millón de muertes a nivel internacional.
Tres décadas posteriores, se proclamó el Síndrome Respiratorio Agudo de China (coronavirus SARS-CoV), en 2002-2003, que produjo unos mil casos a nivel global, como preludio de la pandemia actual.
Le siguió la Gripe Porcina (virus A H1N1), en 2009-2010, que acarreó una mortalidad de diecinueve mil personas a nivel planetario.
Posteriormente se informó del Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV), en 2012, un coronavirus que causó una mortalidad universal de sesenta y seis personas.
Y últimamente, por ahora, se ha extendido –como una mancha de aceite– el mal llamado Covid-19 (coronavirus SARS-CoV-2), en 2019, relacionado con el homólogo de hace diecisiete años –SARS-CoV–, ya que, presenta los síntomas más acentuados, con declaración de pandemia por parte de la OMS.
Los recortes de dieciséis mil millones de euros, por razones presupuestarias oscuras, inaugurados en la época del presidente José Luis Rodríguez Zapatero –Zapatitos, ZP– han sido la gran muralla contra la que se ha estrellado en Ministerio de Sanidad, no resuelta por el irresoluto Mariano Rajoy y el supuestamente psicópata Pedro Sánchez, tan responsables ante la ley como él.

ALFONSO CAMPUZANO
            
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domingo, 22 de marzo de 2020

QUERIDA ALARMA SANITARIA

La alerta sanitaria española surge de la incredulidad y la desidia gubernamental al instaurar una cuarentena tardía y mal planificada con medios materiales escasos – Alfonso Campuzano

Esta alarma sanitaria, decretada a cámara lenta, y sin aprender del país vecino, acabará algún día, más o menos lejano, porque todo aquello que comienza siempre acaba, para bien o para mal. No obstante, los recuerdos de este confinamiento impuesto por una serie de descerebrados, que no atendieron a los ruegos de profesionales mucho más capacitados, tendrán la respuesta adecuada a su responsabilidad en el momento preciso.
Una responsabilidad que diariamente se manifiesta mediante un goteo continuo de contagios y muertes sin que, desde el pasado día 30 de enero –un mes después de iniciarse la pandemia en Wuhan, China– se transmitieran imágenes directas, tanto desoladoras como duras, de algo tan insólito como inédito, sin que el desgobierno se hiciera el más mínimo eco, y sí se vieran actitudes insensatas como no cerrar el espacio aéreo, así como las fronteras terrestres y marítimas, lo que ha aumentado la indefensión hacia los españoles con remedios y materiales escasos ante lo que se estaba propagando exponencialmente en todo el planeta azul.
Durante cinco semanas estuvo sedando a la población con noticias sesgadas y tergiversadas, mientras ponía la alfombra propicia del riesgo a contagiarse y morir, sólo para que cincuenta y cinco manifestaciones feministas fueran autorizadas en Madrid el 8 de marzo, así como la concentración en el Palacio Vistalegre, y sin tomar la más ínfima nota de la protección que desplegaban países como China, Corea del Sur, Italia.
Todo ello debido a que España eligió a un político socialista como presidente de Gobierno que, al ser portador y transmisor, no es capaz de guardar la debida cuarentena, pese a haberla impuesto a los gobernados, pues su esposa, Begoña Gómez, está contagiada por el coronavirus SARS-CoV-2, Covid-19, sin que se haya comunicado si fue contagiada antes o después de la asistencia a la manifestación multitudinaria de 120.000 personas. Y sin olvidar que, el vicepresidente comunista, portador y transmisor, tampoco ha acatado la estricta norma sanitaria, sino que la ha desvirtuado, según sus propias necesidades egoístas, permitiéndose el lujo de dar mítines políticos, incluso lecciones de ética.
A estas alturas de la película, las autoridades italianas saben que las españolas lo han hecho peor que ellas y que las consecuencias de haber pasado la enfermedad, y ser consideradas curadas, se mantienen desconocidas.
Así que, tanto la emergencia climática como la violencia de género, ¿eran más importantes que mantener con vida a cuarenta y siete millones de españoles? Y viendo imágenes difundidas por los medios de comunicación, ¿para qué quiere la sociedad tales macroinfraestructuras, que no se pueden utilizar, cuando un minúsculo enemigo traspasa todas las fronteras –como otros en la antigüedad–, sin que los gobiernos entiendan que la Sanidad, y las investigaciones de su entorno, no pueden ser dejadas en el laberinto de lo desconocido, recortando presupuestos –no hay que olvidar que comenzó José Luis Rodríguez Zapatero, ZP, Zapatitos, continuó Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, sin que les haya interesado resolver este desaguisado–, y sin saber qué se puede hacer y aportar en cada circunstancia?
Es por eso que no debería echarse en saco roto la constitución de un tribunal que impute a aquellos políticos por denegación de auxilio, por dejación de funciones humanitarias, contempladas en el Derecho Internacional de Derechos Humanos.
Por último, es de esperar que nadie tenga memoria de pez cuando llegue el momento, teniendo en cuenta que, si la justicia humana no está a la altura correspondiente, la justicia divina está al desquite.

ALFONSO CAMPUZANO
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