lunes, 28 de septiembre de 2015

DESGUACE POLÍTICO



Políticos que fascinan embaucando con el alegato de su verborrea como única preparación intelectual - Alfonso Campuzano


No hace falta pertenecer a un partido político para darse cuenta de lo que está ocurriendo. A nadie tiene por qué gustarle totalmente un régimen político, aunque sí cabe poder tener una cierta empatía, pero sólo hacia ciertos gestos, más o menos. Los políticos conocidos, con sus frases frívolas, les gusta oír el eco de lo hueco, atraen poco por sus premisas falsas, un mal necesario, pese a que se reiteran en el cargo sin merecerlo siquiera.
Habitualmente los humanos necesitan creer en algo, que si es cercano mucho mejor, ya sea religión, política, o ambas a la vez, y poco más, ya que, en ciertos países se mantienen unidas, consiguiendo su transformación hacia lo feriado cuando se acercan unos comicios con un fin de fiesta previo a la votación, traducido en el triste engaño que esto conlleva.
Cuando un candidato cualquiera todos quieren ser presidentes de gobierno, alega su verborrea como única preparación intelectual para fascinar embaucando, se limita a recoger lo que llaman vulgarmente avales de la militancia sustrayendo el principio de la democracia a la vez que convierte las elecciones primarias en partitocracia, dada la actual, aunque caduca, ley electoral, dominada por la autarquía interna en pugna con el desenfreno mercantilista externo.
Se podría decir, sin temor a equivocarse que, en los últimos cien años, los últimos regímenes españoles duran cuarenta años, tras analizar el síntoma evidente tal que las Cortes Preconstitucionales, durante cuarenta años, tuvieron X Legislaturas inauguradas por el general Franco (1943-1971), con tres presidentes de gobierno, sin libertad de expresión, y según una lectura histórica muy somera del Boletín Oficial del Estado (B.O.E.) se fundamentaron las bases legislativas que ahora disfruta la sociedad española, al encontrar la Ley del Subsidio Familiar y de la Vejez; Ley de descanso dominical y festivos; Ley de Patrimonios familiares; Seguro Obligatorio de Enfermedad; Contrato de trabajo; Vacaciones retribuidas; Maternidad para mujeres trabajadoras y garantías sindicales; Paga Extraordinaria de Navidad; Paga Extraordinaria del 18 de Julio; Reforma del Instituto Nacional de Previsión (I.N.P.) para una mejor cobertura protectora; Legislación de Accidentes de Trabajo; Convenios colectivos; Mutualidad Agraria; Seguro de Desempleo/Paro; Ayuda a la ancianidad; Ley de Bases de la Seguridad Social.
Y, ahora, está a punto de finalizar la X de las Legislaturas constitucionales inauguradas por S.M. el rey Don Juan Carlos I (1979-2011), también durante otros cuarenta años con seis presidentes de gobierno. Alguien analizará los progresos sumergiéndose, tanto en el BOE como en los diecisiete boletines autonómicos, para concluir que los parlamentos regionales se han dedicado a engrescar sin saber distinguir si los que corren son galgos o son podencos, intentando restar libertades conseguidas antaño, sobre todo en los últimos seis años.
Todo cambio, salvo que sea revolucionario, se hace desde el interior del sistema dirigido por la cúpula, y de manera consciente y pactada, idéntico a cualquier tipo de huelga protagonizada por una central sindical, aunque estamos a punto de traspasar el límite marcado por la línea roja y llegar a donde no se pretendía, es decir, desde la base, desde el exterior del sistema, y de manera inconsciente, porque alguien -El Señor de los Recortes y de las Mentiras- cruzado de brazos, y mirando para otro lado, ha hecho dejación de funciones para lo que fue votado.
En esta partitocracia impuesta, estadio entre dictadura y democracia, las dos des extremas o doble de, nadie vence ni convence..., así que el siguiente paso, para otros cuarenta años, debería ser auténticamente democrático.


Alfonso Campuzano


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