jueves, 23 de octubre de 2014

CARTA A LA EX TENISTA GALA LEÓN


Como un seguidor del deporte tenis, que en los comienzos de los años sesenta, quizá debido a que los torneos más conocidos eran los practicados por jugadores amateurs, sólo se daba publicidad, tanto en la prensa escrita como en las pocas horas que duraba la programación de televisión española, de la Davis Cup y de los cuatro Grand Slam: cuando el actual Australian Open se llamaba Campeonato de Australia; Les internationaux de France de Roland Garros; Wimbledon; y cuando el actual US Open se llamaba Forest Hill. Una época en que España, siendo finalista en dos ocasiones en la Davis Cup, gracias a Manolo Santana, llegó a cruzar las bolas nada menos que en Australia, alarde que fue correspondido por televisión española con su retransmisión de madrugada, igual que cuando el primer hombre pisó la Luna. Ninguno de los tres eventos dejé pasar. Digo alarde, y lo digo bien, ya que el cierre de la programación televisiva era a medianoche con la reflexión diaria de El alma se serena.
La Davis Cup se mantiene, desde sus comienzos, como una competición entre naciones, eminentemente masculina, aunque con ciertas variaciones. Habría que analizar el por qué, aunque no es el momento. Ésa, y no otra, es la gran diferencia entre ella y los cuatro Grand Slam. Los tenistas que han hecho de este deporte su profesión dan preferencia, más que nada por las ganancias que les reporta, a los torneos disputados dentro del circuito A.T.P., es decir, los ya citados y los Master 1000, 500, 250, que ocupan la totalidad del calendario anual. La Davis Cup, aunque importante, ocupa en su planteamiento un segundo término, posiblemente porque su caché no se adapta a la competición, pudiéndose deducir que la Federación de Tenis Española no dispone de presupuesto adecuado a la singularidad de los tenistas, y menos aún a la de un capitán masculino.
Los acuerdos de la Federación de Tenis, en la búsqueda de un capitán del equipo, no habían llegado a buen pacto con las personas idóneas. En los últimos años, sin saberse las causas, el equipo ha cambiado varias veces de capitán, todos ellos de elite, grandes conocedores del circuito competitivo, y entre sí, algo importantísimo. El capitán junto al equipo, y así lo ha sido siempre, debe formar una piña, ser un sólo hombre, debe buscar y encontrar la empatía total y absoluta, si es que quiere triunfar.
A partir de este instante, sin buscar el consenso, siempre desde la distancia de la imposición, una mujer, antigua tenista, la directora deportiva de la federación tiene la ingeniosidad de que ella puede ser, por primera vez en la vida de la Davis Cup, el/la capitán/a del equipo español, siendo aceptada por el presidente, quizá como pago a servicios prestados, sin haber llegado a preguntar a los jugadores para consensuar su nombramiento y, por supuesto, sin conocer totalmente a los participantes. La práctica de este ascenso es una acción propia de suicidio, pues en el momento mismo en que, sin conocer el particular entramado del torneo tenístico, se tiró al vacío. La noticia, hace varias semanas, , como un bombazo, a los titulares deportivos.
En una de sus primeras declaraciones, tan inconsecuentes como desafortunadas, se le escapó una máxima lapidaria: aquellos jugadores que no compitieran en las rondas la Davis Cup, no podrían participar en los Juegos Olímpicos 2016. ¿Acaso quería explicitar de antemano que no entraba con buen pie y que no la aceptarían? Mal comienzo y mucha carnaza para el personal que escuchaba. La noticia es la noticia, y hay que cazarla al vuelo, como a todo pájaro, momento en que la prensa, comenzó a hacerse eco de diferentes entrevistas, dando pábulo a expresiones sacadas de contesto, tergiversando términos, considerándolas sexistas, llevándolas al terreno que alargara la noticia, hasta conseguir lo que se pretendía.
La Federación Española de Tenis, desde los años sesenta, no cabe duda que ha mejorado, aunque sigue mostrándose demasiado cicatera e insensible con los mejores jugadores. El curriculum deportivo de la ex tenista Gala León, aparte de ser una persona extraña y de mediocre valía profesional, nunca estuvo entre las top ten del ranking mundial femenino, y tampoco como entrenadora se conocen sus cualidades. La imposición de un/a capitán/a sin consenso, y más en tenis de elite masculino, juega malas pasadas, sobre todo cuando falta experiencia, veteranía y, sobre todo, empatía. España, como pentacampeona que es, necesita un capitán que haya estado entre los top ten de tenis, como hasta el actual incomprensible nombramiento. Que no se vea en estas palabras ni el más mínimo asomo de menosprecio ni acritud hacia esta designación. El equipo español de la Davis Cup se la juega con cada elección de un capitán, de ahí sus resultados. Se trata, sólo para quien lo quiere ver, y no está ciego, de aptitudes, habilidades, condiciones, pero nunca de género, como se ha pretendido maliciosamente exponer.
Para finalizar, el tenis mundial apostará por la igualdad de oportunidades cuando las mujeres decidan y exijan jugar en los Grand Slam a tres set ganados, como hacen los hombres, mientras tanto habrá torneos de género masculino y de género femenino.

Alfonso Campuzano
            
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jueves, 16 de octubre de 2014

CARTA AL ALCALDE DE VILLAFRECHÓS


Siempre es loable que un bienhechor se haga notar en una sociedad que necesita prosperar. En este caso ha sido un donativo de alta tecnología a base de un moderno equipamiento quirúrgico con sus bisturíes eléctricos y demás accesorios valorado en unos cuarenta mil euros. Nada que objetar en cuanto al aparato, aún sin inventariar. Lo que sí admite una réplica es que el asesoramiento posiblemente no ha sido encauzado convenientemente. Quien ha alimentado esta vía de donación no ha debido tener muy claro lo que son las especialidades quirúrgicas, cuya formación, sólo para tener el título en mano, es de cinco años. La experiencia tarda en llegar, o no llega nunca.
Los vecinos de Villafrechós jamás podrán beneficiarse de lo que ha sido planteado como una utopía. Alguien ha cometido el grave error de dar falsas esperanzas a una población que, por tener dos bisturíes eléctricos a su alcance, no va a tener que desplazarse a un centro quirúrgico, siempre que sea necesario, a resolver la lesión que sea necesaria tratar. Es posible que, como siempre, se haya tratado de una ocurrencia política, sin que se haya detenido a analizar las consecuencias, tanto tempranas como tardías.
La utilización de un bisturí, como todo instrumento de trabajo, tiene ventajas e inconvenientes, pero sólo en manos de un cirujano, pues en otras manos todo, absolutamente todo, abocará hacia complicaciones indescriptibles. La pretensión de hacer pequeñas intervenciones en un Centro de Salud es una alucinación y un riesgo al que no se debe someter gratuitamente a la población. Pretender poner placas en fracturas es trabajo propio de un traumatólogo bien formado y no de un médico de asistencia primaria. La extirpación de verrugas debe practicarlas un cirujano ya sea general, dérmatológico, plástico, enviando las piezas al Servicio de Anatomopatología para que, con su estudio, dicte el diagnóstico preciso, y no surjan sorpresas. Para contener hemorragias hay que saber qué vaso y qué órgano sangra, propio de un cirujano, en general. Por tanto, las lesiones propias de patología quirúrgica, las que sean, sin perder tiempo, es mejor desplazarlas al centro adecuado y no tratar de experimentar con el paciente. Eso jamás.
Con una jornada de formación ningún médico general sensato se atreve a utilizar un material quirúrgico. Una charla es una charla, aunque las explicaciones prácticas se hayan hecho con pollos y terneras. Todo bisturí eléctrico, antes de utilizarlo, dispone de una placa de toma de tierra que debe estar perfectamente colocada y, aún así, puede producir quemaduras cutáneas graves. Todo conocimiento ayuda a prosperar, pero de ahí a manejar un utensilio sin formar adecuadamente, aparte de una barbaridad, es una temeridad. Quienes están formados en cirugía son los cirujanos, nunca los Médicos de Centros de Salud, aunque atienda a trece pueblos, como atiende Villafrechós, que bastante tienen con resolver los problemas primarios de sus pacientes como para que, además, se metan en charcos.
El mayor error, el primigenio, por mal encauzamiento, es haber soñado la donación de este abastecimiento quirúrgico a un centro médico sin cualificación quirúrgica. Este material debió donarse a un centro quirúrgico, aún está a tiempo, antes de que se deteriore por falta de uso y de mantenimiento.
No es de extrañar que, con muy buen criterio, el señor consejero de Sanidad no le haya dado respuesta a las veces que ha intentado contar su aventura pseudoquirúrgica. No dude, señor alcalde, que si el centro de Villafrechós, en vez de ser médico fuera quirúrgico la propia Consejería de Sanidad de la Junta de Castilla y Léon (SACYL) lo habría dotado de cirujanos y de bisturíes eléctricos.

Alfonso Campuzano
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lunes, 13 de octubre de 2014

PATRIMONIO DE POLÍTICO


Cuando se lee en la prensa, y no es la primera vez ni será la última, que algún pollentí, tiene la vakentita, y no es la primera vez, que algítico tiene la valentía de mostrar las cifras de su patrimonio, para que los españoles sepan cómo administra sus bienes, es como para acompañarle en su risa. Después de tanto tiempo de ejercicio se acuerdan que deben ser honestos. Cuando entraron en la vida política, un tanto por ciento elevadísimo estaban con una mano delante y otra detrás. ¿Qué patrimonio tenían antes de ejercer? Quién lo sabe. Publicar esto ahora no parece serio. Lo que hace la política, al menos la española de la época democrática, no lo hace ninguna profesión habitual: enriquecer a quien la ejerce. Se está viendo.
No posible que se acumulen patrimonios con seis dígitos, cercanos a los siete, partiendo del sueldo, como base, que dicen que ganan, porque la risa se amplía con el desencaje de mandíbula cuando al famoso sueldo se añaden dietas, especies y muchos etcéteras, que un trabajador normal no disfruta. No cuadra nada, es imposible que cuadre, pues hasta un niño se daría cuenta de ello, si le pusieran a hacer lo mismo que cualquier persona, bien con papel y lápiz, o bien con calculadora. Se trata de operaciones aritméticas simples, tales como sumar, restar, multiplicar o dividir.
Los políticos saben, les ha llegado a sus oídos, que algunos de los votantes lo hacen, pero no les ha llegado a preocupar, hasta ahora les ha salido bien con el desconocimiento de no saber hasta cuándo. El primer pensamiento que uno tiene, de buena fe, al leer las cantidades de marras es que han heredado de sus familiares, no pueden haber ahorrado cantidades tan lujuriantes. Pero, ¿todos los políticos han tenido, o tienen, familiares tan afortunados? El segundo pensamiento es que a todos juegan a algún sorteo diario, y les ha tocado. Todo resulta como muy raro.
Nadie, excepto ellos, con las prebendas que disfrutan, y como servicio al Estado, tienen un acumulado patrimonio democrático, y que muchos otros querrían para sí. Los datos económicos de los políticos que han publicado sus abultados patrimonios es algo que daña a la inteligencia. Todo lo que percibe un político español no está sujeto a retención. No tiene que cotizar a la Seguridad Social porque su futura pensión siempre será superior a la máxima permitida por ellos para los demás. No les afecta los recortes que legislan ni las subidas de la bolsa de la compra, ni el Tribunal de Cuentas, ni Hacienda. No les afecta absolutamente nada. Todo el dinero que ingresan en su banco es limpio. No tienen gasto alguno. Todo es gratuito total. Todo está pagado, incluso los vicios, por los contribuyentes.
La incongruencia es que se pague por un servicio, que no cumplen, léase programa electoral, en el que su labor fundamental es legislar, para los demás, no para ellos, por estar aforados, incluyendo a personas con ínfimos estudios, pero necesarios para que su dedo teclee, para que haya quorum, aunque a veces se confundan, ¿adrede para despistar, que salte la polémica, sin trascendencia? Y toneladas leyes inservibles, inutilizables, que no tienen salida por lo mal que están redactadas.
La regeneración democrática, no puede ser de otro modo, debe empezar con la devolución de los patrimonios políticos acumulados en estos casi cuarenta años. Su trabajo debe ser de cinco días a la semana durante once meses. Los desplazamientos por aire, carretera, ferrocarril en deben ser en clase turista. Se deben retirar los coches oficiales. Se deben retirar los iPhone, iPad, Modem 3G, ADSL en domicilio, que pagan los contribuyentes. De esta manera ya verían si su patrimonio tendría las cifras que tiene. ¿Para qué quieren tanto si no les va a dar tiempo a gastar?
Han vivido bien: comidos, bebidos, alojados, viajados, enviciados, y gratis. Algún parlamentario, desde 1978, viene pagando su partido político, una suite en el Hotel Westin Palace de Madrid, donde pernocta tres días a la semana. Un despilfarro a la vista, aunque permitido por los españoles.

        Alfonso Campuzano

        
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martes, 7 de octubre de 2014

LA CADENA


Desde tiempos inmemoriales, incluso desde la protohistoria, esto ha sido así y poco, o nada, ha evolucionado la especie humana, desde el punto de vista de los valores morales. Y, por lo visto, muy poco los españoles, que nos dejamos hacer, nos lo hacen, como parece ser que los servicios de inteligencia de EE.UU. y Alemania esbozaron el guión de lo que conocemos como la llamada Transición. Siempre dirigiendo la batuta desde fuera. Ya se sabe, lo estamos viendo.
Los políticos de cada Legislatura, en vez de desarrollar la Constitución, que mucho nombran, pero que ninguno hace por respetarla, ya sea por alusión, ya sea por omisión, se han dedicado a desarrollar sus puestos de trabajo, a veces quintuplicados y más, con pingües beneficios, pensando en cómo escamotear, sin meditar en las consecuencias del galopante déficit en que han sumido a los contribuyentes españoles. Un auténtico latrocinio en el que cada uno de los interesados pensaba en cómo llevarse más, cada día, que su colega de despacho. Mientras tanto, metiendo mano en cada Caja que les pilla cerca, diciendo que ahorran, pero no se ve lo ahorrado, adjudicando precios europeos frente a sueldos africanos o asiáticos. Aparentemente se preocupan porque suben los gastos: materias primas básicas, electricidad, impuestos directos como IVA, IRPF e indirectos, pero no de los sueldos, que congelan y, cuando no, los bajan. Nada angelical y sí muy marianista. Todo ello ayudado por una falta de valores morales, que nunca tuvieron merced a la cuna. 
Si se rompe una correa de transmisión ésta no cumple su función. Si se rompe un eslabón de una cadena ésta no funciona. España actuaba gracias a que las múltiples y diferentes correas de transmisión y cadenas que existían a todos los niveles del Estado estaban muy bien engrasadas hasta que, poco a poco, gracias a la avaricia, al y tú más, a la falta de engrase, se fueron deteriorando, hasta quebrarse en la amplia cueva que alberga cuarenta ladrones de Alí Babá multiplicados por cien mil, y no precisamente Fils de Saint Louis.
Periódico de cualquier signo político que se abra, enseguida canta quién es el defraudador del día, como si de una oferta de supermercado se trata. Es el perfecto retrato de una España pervertida, mediante un pacto entre tunantes, guiado desde las alturas, que son muchas, que consistió en ofrecer a la sociedad unas "instituciones y partidos como si fueran democráticos" a cambio de hacer y deshacer con los Presupuestos Generales del Estado lo que les viniera en gana: empeñando de por vida a varias generaciones; vendiendo alegremente las reservas de oro; dilapidando la Caja de Pensiones, es decir, los ahorros exigidos a los trabajadores, restados legalmente de la nómina mensual; recortando, bajando y anulando nóminas en un ambiente de alborozo; mientras se turnaban, según soplara el viento de las votaciones, considerando a los contribuyentes españoles como si fueran subnormales. Ésta es la España que todo el mundo conoce, y que nadie, allende nuestras fronteras, cree en ella. Se lo ha ganado a pulso mediante una tropa de indeseables, la prensa dixit.
En esta, o en otra vida, todo se repite, todo es cíclico, veamos: Juan Carlos I, a los pocos meses de haber sido nombrado rey por las Cortes preconstitucionales, exigió la abdicación de los derechos monárquicos de su padre Ioannes III; así como él mismo, esta vez sin saber las circunstancias exactas, también ha sido obligado a abdicar por su hijo Felipe VI. Con o sin ayuda de una posible confabulación perifamiliar, que posiblemente la habrá habido. Es la vida del que, según el dicho popular, quién a hierro mata a hierro muere. Algo muy duro de asimilar. Pero es que las herencias traen esto, lo bueno y lo malo.
Ahora se puede entender la reticencia para contar con la aquiescencia del pueblo español que le votó cuando la cosa no tuvo remedio, y qué error: se presentaba como lo mejor de lo peor y, por tanto, ahí está, bueno, parece que está. No debiera estar permitido gobernar mediante ocurrencias teledirigidas, sino mediante un programa elaborado y que se cumpliera a rajatabla, porque casi todo está inventado.
Un gobierno marianista que sólo sabe hacer presupuestos, que posteriormente los invalida al tener la ingeniosidad de recortar lo fácil pero, eso sí, aumentando las horas de trabajo en puestos donde las manos se cruzan porque no hay nada que hacer, que los hay; reducir los sueldos a minima, si se comparan con otros países del entorno a los que nunca se podrán alcanzar, cuando la cesta de la compra y los productos básicos están por las nubes.
Se puede entender medianamente, gracias a los años transcurridos, por qué los barones del partido Unión de Centro Democrático (U.C.D.), y otros menos conocidos, aunque igual de amenazadores, hicieron dimitir a Suárez, más que por aburrimiento, quizá por el efecto inconfundible de una intimidación que proyectaba la sombra involucionista del futuro, que pretendían, que él conocía ya, y que él no deseaba, y que actualmente estamos a pocas lunas de cumplirse, si alguien no lo remedia pronto.
Estamos en la fase de marcha directa, pronto aparecerá la cuesta abajo, en un terreno de lija, los frenos desaparecerán y directamente contra la pared. Al presidente del gobierno le toca mover ficha disolviendo el Gobierno y las Cortes Generales y convocando de unas Cortes Constituyentes, lo que inauguraría la segunda parte de la Transición en la que se debe de dejar de lado las patochadas nacionalistas. No existe una o dos singularidades, como algunos políticos y periodistas afines se les llena la boca al nombrarlas. El reino de España es otra cosa, por ahora, diecisiete singularidades. Y el Ejército, según la Constitución, entre otras cosas, está para velar que no se desprenda ni un ápice de terreno.

Alfonso Campuzano

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