lunes, 6 de abril de 2015

NO TODO VALE


Es tremendamente extraño que una persona, en este caso, un ignorante e incompetente en Medicina y Cirugía, aunque político, por muy alto cargo que sea, haya invadido, inmiscuido y vulnerado el terreno de la intimidad, tan corporal como privada, consagrada al ejercicio de la lex artis médica, sin haber llegado siquiera a pedir permiso al interesado.
El hecho parece ser que ha ocurrido en un hospital español donde un gerente, tomando el papel de llamado comisario político, ha actuado como si fuera uno de los ayudantes del cirujano a fin de controlar el tiempo quirúrgico empleado, lo cual tiene un error de base, pues ninguna intervención quirúrgica es igual a otra. Cada cuerpo es único. Y las dificultades, si existen, son totalmente diferentes.
Muy mal hecho por parte del cirujano, deontológicamente hablando, quizá con buena fe, quizá bisoño, que lo invitó y permitió, sin que constase un documento de consentimiento informado autorizado por la persona que sería operada aceptando que profanase su cuerpo anestesiado.
Muy mal hecho por parte del gerente que, por ética, aunque pueda presumir de haber sido invitado, no debía haber aceptado. Como mucho, y es mucho pedir, podía haber estado presente en el quirófano como lo está cualquier estudiante de Medicina en prácticas pero, parece ser, no se limitó a esto, parecía que para él eso era insuficiente, dado su cargo político, quiso tener información, metiendo mano en el cuerpo de otra persona, sin titulación adecuada y sin permiso.
Habrá que seguir postoperatoriamente a este paciente, ya que hubo un insólito personaje que, por mucha voluntad que pusiera en aprender, ante su bautismo quirofanero, difícilmente ha podido seguir con corrección el protocolo de esterilización, a no ser que no fuera profano y lo haya hecho en anteriores ocasiones, lo que muestra y demuestra una celosa reincidencia sin que se le haya llamado la atención.
No es de extrañar que, entre el personal profesional y habitual de quirófano, ante este asalto, primeramente surgiera sorpresa y seguidamente malestar.
Es lógico pensar que se debería abrir una documentación informativa y que la autoridad competente llame al orden a este director gerente que, con su mal entendido celo profesional, ha traspasado una barrera que debía haber sido infranqueable. No hay escudo posible para esta indigna actuación. La reparación del cuerpo humano exige un respeto que en nada se parece a la reparación de cualquier otra materia. Hechos como éste, al violar y no salvaguardar la confianza del paciente, están dando pie para que la familia se querelle contra la institución.
El Colegio de Médicos de Menorca algo tendrá que decir, igualmente el Consejo General de Colegios de Médicos ante este excesivo control político, tan poca sutileza y desmesurada autocracia gerencial.
No obstante, esto mismo puede servir de aviso para aquellos médicos residentes, aprendices de cirujanos, que pretenden realizar intervenciones durante su formación, dirigidos por el cirujano jefe, pero sin haber intentado buscar el consentimiento informado del paciente, que piensa y cree que lo va a operar la persona de su confianza, cuando no suele ser así.
La frase todo vale, tan usada como intolerable en Política, jamás debe ser ni siquiera por casualidad cotidiana en Sanidad.

Alfonso Campuzano

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