miércoles, 27 de enero de 2021

UN ESPEJO LLAMADO DONALD TRUMP

Para la sociedad, en general, acostumbrada a que la política sea un carrera, es difícil que comprenda que un Estado debe ser administrado, sí o sí, como una empresa y no como un ente que, pese a errores y despilfarros que nunca paga, no puede ser responsable ni ser imputado – Alfonso Campuzano


Los EEUU, son un país complicado, pero serio, sobre todo con sus elecciones presidenciales, que duran casi un año, hasta que se decantan los dos adversarios que tienen más opciones. El voto es sagrado. Un país donde los dineros que se dilapidan no son exigidos mediante impuestos a los contribuyentes. Los políticos no esquilman a los ciudadanos, sino que lo costean los partidos y los políticos, a base de donaciones. 

Su Justicia funciona tan bien que es independiente del poder ejecutivo y del poder legislativo, no como en España, que desde 1985, para salvar a Míster X, se mantienen colateralidades en continua fuga para enmedallar el pecho y ampliar el patrimonio.

El cuadragésimo quinto presidente de los EEUU de América, Donald Trump, no ha sido un político de alta cuna ni quiso hacer carrera política, ni quiso vivir de los contribuyentes, sino que durante su mandato ejerció su puesto de responsabilidad como empresario exultante que financió su campaña electoral, gobernando como si tratara de una empresa –es lo que sabe hacer–, precisamente por lo que ha molestado a los políticos, incluidos los de su grupo parlamentario, despreciándole porque no participaba de su código depredador y esquilmador de presupuestos, al pensar que su forma de gobernar debilitaba las instituciones.

Durante su vida empresarial, en sus negocios, sufrió seis bancarrotas de las que se recuperó. Sin embargo, teniendo como protagonista al coronavirus SARS-CoV-2, a punto está de sufrir la séptima.

Decidió no acatar ciertos acuerdos como el atragantado cambio climático –existente desde la noche de los tiempos, quizá porque tienen una base radical totalitaria–, que castiga con penalizaciones mercantiles. Lo mismo que cuando canceló asignaciones de caudales públicos a proyectos para asilados y de igual modo con exigencias higiénicas y nutricionales de Naciones Unidas, quizá por su fundamento extremista absolutista.

Se criticó y se malinterpretó la frase ampliar la construcción del muro –en una frontera de casi cuatro mil kilómetros– iniciada en 1994 por Bill Clinton, mil kilómetros, mientras que él construyó solamente poco más de seiscientos kilómetros. También se confundió, intencionadamente o no, sobre el dióxido de cloro, cuya fórmula química es ClO2, traducido por hipoclorito sódico, cuya fórmula química es ClONa.

Puso en su sitio a gobiernos de países occidentales al obligarles a mirarse en el espejo. Cumplió sus promesas. Dijo que no iba a cobrar un sólo dólar, pero la ley no se lo permitió. La mayor parte de su sueldo anual lo donó.

Hasta su llegada, solamente dos países como Egipto y Jordania mantenían relaciones diplomáticas con Israel. Sin embargo, ha conseguido que se unan cinco países islámicos más, firmando tratados de paz, tales que Arabia Saudita, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos (E.A.U.) formados por Abu Davi, Ajamán, Dubái, Fuyaira, Ras al-Jaima, Sarja, Umm al-Qaywayn, Sudán, Marruecos, y otros están a la cola. Además, amansó a Corea del Norte en su exponencial carrera por lanzar misiles intercontinentales. Serenó a Irán en su carrera por la nuclearización planetaria.

Su antecesor, Barack Obama, instigó y alentó conflictos durante los ocho años de su mandato en Afganistán, Irak, Libia, Pakistán, Siria, Somalia, Yemen, viéndose afectadas más de quince millones de personas con casi doscientas cincuenta mil personas asesinadas. Sólo en el año 2016 arrojó más de veintiséis mil bombas. Incluso se permitió el lujo de proteger a Bin Laden hasta que decidió su eliminación física, por lo que fue conceptuado como Presidente de Guerra, aún así fue receptor del Premio Nobel de la Paz.

Sin embargo, Donald Trump, en los cuatro años de mandato, no inició ningún conflicto bélico. No hizo caso a ningún Señor de la Guerra, sino que los ignoró, así que contentos no podían estar cuando lo habitual era que todos los presidentes estadounidenses comieran de sus manos, además de gastar y renovar el arsenal militarista.

Por otra parte, Bill Clinton concedió casi quinientos indultos, mientras que Donald Trump concedió poco más de cien, sin acudir a concederse el autoindulto preventivo ni la clemencia preventiva para su familia y su abogado, tal y como hicieron sus antecesores, por si acaso.

Donald Trump, desde el 3 de noviembre, no ha cedido ni concedido, ante su adversario, al descubrir un fraude electoral ayudado por las máquinas de votación de Dominion Voting Systems, que no fue aceptado por los tribunales. Una declaración jurada en USA es sagrada, tanto que, si incumples, las rejas esperan, no como en algún país poco serio, que no pasa nada, y todos se lo ríen.

Gracias a una orden suya se desclasificarán casi cuatro mil documentos secretos sobre el golpe de Estado en la persona del expresidente John Fitzgerald Kennedy en noviembre de 1963.

El presidente estadounidense, Donald Trump, pese a todo, ha cumplido las tres condiciones necesarias para ganar el Premio Nobel de la Paz: Fomentó la amistad entre naciones a través de arduos acuerdos. Disminuyó los ejércitos estables en diferentes puntos del planeta. Promovió, con desmesurado empeño, numerosos pactos.


ALFONSO CAMPUZANO

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viernes, 18 de diciembre de 2020

TEMPLOS DE ENFERMEDAD

 Todo oficio o profesión, elegido libremente, se concibe como un servicio a la sociedad, donde sus integrantes dependen unos de otros – Alfonso Campuzano


El profesional sanitario, ya sea hospitalario o extrahospitalario, ya sea médico o enfermera/o, etcétera, sabe que, desde su ingreso en la Facultad, su futura práctica será considerada por sí mismo, y por la sociedad, como personal de riesgo. Un ejercicio técnico que tiene implícito –debido a su idiosincrasia–, el peligro diario frente a gérmenes patógenos y saprofitos portados por personas enfermas y sanas hasta su jubilación.

La vida también es un riesgo a correr, así que, al estar avisado desde el inicio de sus estudios no puede ni debe quejarse, ni llorar, ni moquear. Caso contrario sería consecuente abandonar cuanto antes, y con valentía, reconociendo que no sabe servir a la sociedad, una sociedad que, con parte de los impuestos, ha pagado sus estudios. 

Todo hospital, desde sus comienzos, ha sido erigido como beneficencia a modo de templo a la enfermedad donde se acumulan infinidad de gérmenes contagiosos de todo tipo y condición, que pululan a sus anchas alrededor de toda persona, incluso sana, que pise su recinto, ya sea como visitante a los enfermos ingresados, ya sea como asalariado.

No se puede pedir que un hospital sea aséptico, salvo zonas excepcionales como pueden ser los quirófanos, cuando lo que alberga es toda sepsis oriunda del planeta con hiperansiedad por alcanzar la curación que algunos logran.

Y si, además, se añade una pandemia por un coronavirus denominado SARS-CoV-2, el edificio se convierte en una bomba de relojería, que es lo que ha sido y continúa siendo, así que no debería extrañar que los profesionales sanitarios hayan sido las personas más afectadas, sobre todo en España con un 8,8% de contagios sin saber con exactitud cuál ha sido la causa.

Extraña sobremanera que el tanto por ciento de contagio no haya ocurrido en otros servicios de cara al público como puedan ser los supermercados, las farmacias, aunque quizás algo tendrá que ver el aire que se respira en sus recintos.

La Sanidad nunca jamás debería entrar en debate electoral ni sufrir recortes económicos iniciados por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero –ZP, Zapatitos, ZParo– reduciendo 16 mil millones de euros, aún no recuperados, y continuados por sus sucesores Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, en una carrera desenfrenada.

Corolario:

Todas las enfermedades infectocontagiosas provienen del continente asiático, siendo aceptadas desde hace un siglo, y sin haber preguntado la razón.

–La mal llamada gripe española (1918-1919), cuyo virus H1N1 se expandió pasando por territorio estadounidense hasta invadir Europa y ocasionar entre cincuenta mil y cien mil millones de fallecimientos, mientras que en España fallecieron unas trescientas mil personas.

–La gripe asiática (1957-1958), virus H2N2, causó dos millones de muertes en el mundo, mientras que en la España preconstitucional fallecieron más de diez mil personas.

–La gripe de Hong Kong (1968-1969), virus H3N2, que provocó un millón de defunciones en el mundo, mientras que en España fallecieron más de ocho mil.

–El Síndrome Respiratorio Agudo de China (2002-2003), coronavirus SARS-CoV, que ocasionó unos mil fallecimientos. España confirmó un solo fallecimiento.

–La gripe Porcina (2009-2010), virus A/H1N1, que originó diecinueve mil muertes. España ratificó 4 fallecimientos.

–El Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (2012-2019), coronavirus MERS-CoV, que produjo más de ochocientas defunciones.

–El Covid-19 (2019- ), coronavirus SARS-CoV-2, causante de 1.670.029 fallecimientos a nivel mundial –la centésima parte de la pandemia de hace un siglo–, mientras que en España se han contabilizado cerca de 48.777, es decir, algo más de una décima parte de la pandemia de hace un siglo.

La sociedad acepta de buen grado cualquier recomendación que mejore su salud; sin embargo, ante cualquier imposición colectiva siente y padece la pérdida de su libertad individual.


ALFONSO CAMPUZANO

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martes, 1 de diciembre de 2020

EL MISTERIO DE LAS PATERAS (V)

El pelelismo político progre está destruyendo el tejido industrial, que mantenía el bienestar social, y está fomentado colas del hambre, desempleo, pobreza, ruina – Alfonso Campuzano


El ambiente inmigratorio que se respira en el archipiélago canario se controla gracias al olor del dinero. Pero ¿de dónde sale el dinero que reciben los inmigrantes? ¿Quién trae el dinero a los hoteles donde está alojados los inmigrantes? ¿Quién es la persona que reparte el dinero a los inmigrantes? Y cuando el aburrimiento aparezca, cuando falte el dinero, ¿qué va a pasar?

En los últimos 10 años, sin ir más lejos, se han detectado una media de 14.969 pateras por año que, se quiera reconocer o no, asemeja una invasión aparentemente pacífica pagada por las subvenciones extraídas de los impuestos españoles. Y con el Ministerio de la Verdad Desinformada se ha inaugurado una nueva etapa.

Cabría preguntarse por qué sucede esto, desde hace cien años o más, cuya respuesta admite múltiples razones. Por ejemplo: una de ellas es ¿qué debe el reino de España al reino de Marruecos? ¿Será acaso porque en 2011 –año aciago por el golpe de Estado del 11M– Pedro Sánchez hizo su puesta de largo en sociedad apadrinado por Joe Biden y José Luis Rodríguez Zapatero ante el rey Mohamed VI consolidando un acuerdo que se está llevando a cabo?

Otra más, tiene relación con las épocas más débiles de los diferentes gobiernos españoles, aprovechadas por el vecino país sureño, además de litigios no resueltos a través de los años.

Nada más hay que echar la vista atrás para rememorar la Guerra del Rif (1920) y el Desastre de Annual (1921); la mini guerra de Ifni-Sáhara (1957-1958) –relato pendiente de editorial–, con ayuda de los estadounidenses y franceses a su niña bonita; la Marcha Verde (1975), en las postrimerías del régimen preconstitucional, con más de lo mismo; los gobiernos socialistas de Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero, Pedro Sánchez, para darse cuenta de que la inmigración africana tiene gran facilidad para penetrar en territorio español, tanto como si fueran llamados al toque de corneta, con el fin de que sume votos que afiancen la continuidad en el poder. Y Europa, como si no fuera con ella, continúa distraída.

Algo parecido pasa con los medios de comunicación social española. La televisión canaria, disponiendo de un presupuesto anual de más de 500 millones de euros, no lo emplea adecuadamente sino que trata de obviar y/o tergiversar, hasta el momento, este escándalo social mayúsculo, que no es actual. En cuando a la televisión pública RTVE, pagada por todos los españoles, emite noticias que dan la impresión de que el gobierno no sabe nada del lío en el que se está metiendo al dejar actuar a su libre albedrío al rey alauita.

La propuesta ideal y real de solidaridad y de caridad con los semejantes africanos –políticamente hablando– sería promocionar los recursos naturales de sus países en lugar de alentarlos a emigrar. Sin embargo, parece como que España está financiando y consumando una invasión sin precedentes, al haber llegado a un acuerdo para batirse en retirada de Ceuta, Melilla, archipiélago Canarias –que se extenderá por Europa, si no se pone remedio–, como se hizo con Cuba, Filipinas, Guam/Guaján, Puerto Rico.


ALFONSO CAMPUZANO

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jueves, 26 de noviembre de 2020

EL MISTERIO DE LAS PATERAS (IV)

El Gobierno español debe tomar muy en serio la regularización de la inmigración descontrolada, según necesidades reales, ante el nivel de desempleados y de pobreza – Alfonso Campuzano


Actualmente existen familias canarias que se encuentran al borde de la pobreza, abocadas a utilizar diariamente las colas del hambre, porque no reciben la ayuda humanitaria prometida. Sin embargo, los inmigrantes irregulares reciben ropa, dinero, teléfono de última generación, incluso dos, ubicación en hoteles –algunos han logrado firmar contratos de un año con los intermediarios–, que tanto desequilibran el bienestar de los autóctonos.

El desembolso de los contribuyentes españoles tiene un arco mensual que varía entre 6.000€ y 22.000€ por cada inmigrante ilegal, que incluye la sanidad y desplazamientos gratis, sin cotizar a la Agencia Estatal de Administración Tributaria ni a la Tesorería de la Seguridad Social, cuando el S.M.I. –léase Sueldo Mínimo Interprofesional– es de unos 900€/mes. Este timo presupuestario –que nadie crea que es infinito–, tiene un límite y un fondo, lo cual constituye un gran despilfarro económico inconcebible, que se agota sin remedio.

Hace poco más de dos meses que el Consejo de Ministros ha autorizado a la Secretaría de Estado de Migraciones una subvención a la Cruz Roja Española de más de veintiséis millones de euros –concretamente 26.586.155,19€–, que es un décima parte de lo calculado. Y, como complemento, desde hace más de siete meses, las aguas territoriales españolas que rodean el archipiélago canario han sido apropiadas por el Reino Alauita de Marruecos sin que la Jefatura de Estado, a través del Gobierno español progre, haya levantado la voz o haya dado un puñetazo en la mesa ante este robo a la luz del día con el que no está de acuerdo la ONU, pero nadie lo ha denunciado aún.

Añadiendo que la prensa oficial está secuestrada y muda gracias a las cuantiosas subvenciones salidas de los impuestos, mientras el número de desempleados avanza imparablemente en las islas igual que el hambre y la miseria. Así, tal y como está la situación social, parecida a una bomba de relojería, es muy difícil que un país como España prospere, salvo que, sin derecho a frenada, descienda por la pendiente de la bancarrota hacia el cataclismo social que difícilmente será recuperable en varias generaciones.

Conviene recordar que la península ibérica ha sido invadida en varias ocasiones desde la noche de los tiempos, gracias a que los gobernantes han vendido y traicionado a sus gobernados. Hasta el momento, las pseudonegociaciones mantenidas con Argelia, Marruecos, Mauritania, etcétera, no han surtido el efecto deseado, pese a las multimillonarias cifras ofrecidas, ya que las normas y circunstancias han derivado en una estafa una vez recogido y puesto a buen recaudo el dinero disuasorio.

La invasión africana no puede ser absorbida ni asumida por los contribuyentes españoles.


ALFONSO CAMPUZANO

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jueves, 19 de noviembre de 2020

EL MISTERIO DE LAS PATERAS (III)

Las oleadas intermitentes de inmigrantes ilegales dejan entrever que existen pactos económicos firmados entre ministros de Asuntos Exteriores – Alfonso Campuzano


Las pateras navegan unidas por una cordada –la última con un motor de unos 15-30HP, precisamente la que llega a la playa–, pero remolcadas por un barco potente para hacer una travesía de casi dos mil kilómetros hasta que avistan el archipiélago canario, momento en que son desamarradas y dan aviso a tierra.

Los itinerarios, que son seguidos por las pateras, muestran unas coordenadas explicitas a fin de conocer la hora de salida, cuántos inmigrantes viajan, la hora de llegada, incluso sabiendo que de ningún modo van a ser interceptadas por la aduana marítima, porque el DST –léase Dispositivo de Separación de Tráfico marítimo– está desactivado intermitentemente, consciente o inconscientemente.

Es notorio que, por orden estricta del ministerio de Interior, tanto el atraque como el desplazamiento por la isla, se realiza con fuertes medidas de seguridad proporcionada por la Policía Nacional y la Guardia Civil, que atiende más el traslado encubierto a los grupos de inmigrantes irregulares desde el puerto y el aeropuerto que a la asustada población autóctona desprotegida.

No obstante surge la pregunta: tanto el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, como el ministro de Defensa, Margarita Robles, ¿tienen conocimiento y saben lo que la inmigración ilegal/irregular está haciendo en el territorio español?

Es cierto que la inmigración ilegal en los últimos cuarenta años ha evolucionado. Hubo una época, no tan lejana, en llegaban exhaustos, demacrados, desarrapados, deshidratados, hambrientos. Pero de un tiempo a esta parte llegan con buena ropa de marca, dinero en el bolsillo, sabiendo que su embarque y desplazamiento tiene una lista de espera de 3 años y exigiendo una plaza en un hotel y en un avión –¿sin pasaporte?– para alcanzar el destino que se les ha asignado en su embarcadero de origen africano, ya sea una provincia española como Málaga, Granada, Zaragoza, Murcia, Almería, Sevilla, ya sea en un país europeo.

Algo tendrán que decir las autoridades competentes sobre el descontrolado control o bien el control descontrolado de la inmigración cuando aún se ignora, desde hace unas semanas, el paradero de 1.800 inmigrantes fugados de Murcia. También se escapan de otras provincias, como en la isla Gran Canaria, montando un despliegue descomunal de la policía, de los bomberos, con la orden expresa de rescatar, y sin orden de detener, porque si pusieran grilletes daría mala imagen española al mundo.

Hay poblaciones canarias inseguras donde el número de inmigrantes asentados supera al de los lugareños, y sin un solo policía, independientemente de tengan prohibido utilizar móviles durante el trabajo, así como hablar de ello, igual que les ocurre a los sanitarios, porque todo aquello que no siga las directrices laborales marcadas sobre la inmigración por las ONG’s subvencionadas es tratado como racismo y xenofobia, pero la evidencia incontestable expone que no es racismo ni xenofobia, sino que el tráfico de personas ¿inmigrantes? se ha convertido en un negocio multimillonario concertado entre ellas y los gobiernos españoles, que riega una macrocadena económica con tentáculos localizados en muchísimos países.

La invasión prosigue.


ALFONSO CAMPUZANO

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viernes, 13 de noviembre de 2020

EL MISTERIO DE LAS PATERAS (II)

Para que no exista el más mínimo atisbo de agravio comparativo, toda inmigración debe ser reglamentada conforme a la ley – Alfonso Campuzano


Los inmigrantes pasean en grupos durante todo el día por las inmediaciones del hotel asignado –uno para cada etnia– hasta que llega la hora de recluirse para almorzar y cenar. Deambulan como si estuvieran de fiesta, con cervezas enlatadas en la mano, con teléfonos celulares de última generación, algunos dos, –dicen, cuando se les pregunta, que donados por la Cruz Roja–, y sin portar mascarilla.

Su compostura aparenta una contradicción sanitaria gravísima –quizá para no alarmar a la población autóctona que, cuando anochece, por miedo, se recluye en sus domicilios y bajan las persianas– que procediendo de países donde la Sanidad es tercermundista se comportan como si no transmitieran supuestamente enfermedades infectocontagiosas. En cambio, la población del país acogedor –léase España–, ante su presencia, pueden sufrir todo tipo de enfermedades como ansiedad, coronariopatías, depresión, estrés postraumático, ictus, trastornos mentales, tuberculosis.

Estos grupos étnicos –entre ellos se pelean, y hay que separarlos, a veces, por la fuerza– controlan los restaurantes, las playas, y los establecimientos comerciales de los que salen con bolsas de compras rebosantes. Su aspecto físico no parece proceder de territorios en estado de guerra, o con hambre endémico, o que necesiten auxilio inmediato –como los medios de comunicación han difundido hasta la saciedad–, sino que ocultan una invasión pactada en los embarcaderos de origen africano, porque no vienen a trabajar, porque no han trabajado nunca –lo dicen abiertamente al ser interpelados–, porque su perfil asemeja a vagos, delincuentes, combatientes, macizos de gimnasio, en edad militar, nada escuálidos ni depauperados. Cada uno tiene su proyecto inmediato de asentamiento definitivo desplazándose en avión, y sin pasaporte, pagado por los españoles. No hay rastro de mujeres ni de niños. 

Pero ¿qué es lo que traen los inmigrantes africanos irregulares en las pateras? Son tantas las que llegan al archipiélago canario que necesitan una orquesta que maneja varias grúas, palas, camiones para desplazarlas hacia varios cementerios, la mayor parte están fabricadas con fibra de vidrio, que es muy contaminante, que no están en vías de reciclado, donde las parten a la mitad, donde las acumulan medio enterradas bajo arena traída de playas, peligrando el ecosistema.

En uno de ellos, localizado en la isla Gran Canaria, cercano al puerto de Arguineguin, parece como que se ha recibido orden de no ser inspeccionado ni revisado, ya sea por asociaciones de ecologistas, ya sea por sanitarios, y ni siquiera por la Guardia Civil del SEPRONA –léase Servicio de Protección de la Naturaleza–, quienes ¿no tienen nada que decir ni investigar?

En aquel lugar se halla totalmente abandonado calzado recién estrenado, como zapatillas marca Nike, botas de agua de camuflaje de talla grande; atuendo  como chalecos salvavidas, chubasqueros, equipos de submarinismo (aletas), mochilas, sudaderas; material diverso como balizas, bidones de combustible (gasolina, aceite), carbón (para camuflar el olor a hachís), bolsas de papel, cargadores de baterías, comida podrida, cuchillos, pilas, plomadas, teléfonos celulares rotos,... Y, sobre todo, el enigma de las tablas levantadas.

La invasión continuará.


ALFONSO CAMPUZANO

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martes, 10 de noviembre de 2020

EL MISTERIO DE LAS PATERAS (I)

Para aceptar inmigrantes legales es condición indispensable realizar un estudio de necesidades, que desgraciadamente no se ha hecho en España ni tiene visos de que se haga – Alfonso Campuzano


Con la llegada al gobierno del socialista Felipe González, en 1982, se inició un lento y constante aumento de la inmigración ilegal en el territorio español, que fue fomentada por José María Aznar en 1996 con la burda excusa de querer superar en habitantes a Polonia y, por supuesto, accediendo a las peticiones de Jordi Pujol. El incremento continuó con José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, que han logrado desbordar todas las perspectivas al convertirse en un filtro clandestino.

La promoción del negocio de tráfico ilegal de inmigrantes ha conseguido crear una potente infraestructura en la costa africana, habitualmente dirigida por diferentes ONG’s, con la intención de facilitar el embarque metódico en pateras. Unos barcuchos de poco calado, con motores mínimos, prestos a hundirse, que necesitan ser ayudados por naves remolcadoras colaboracionistas hasta avistar la costa canaria, momento en que dan aviso, vía telefónica, a la Sociedad de Salvamento y Seguridad Marítima, que mantiene vigente la infraestructura durante la travesía y la distribución a la llegada.

Más de 4.000 pateras con más de 32.000 inmigrantes sin papeles, han atracado en el archipiélago canario en los últimos 10 meses –en plena pandemia por coronavirus SARS-CoV-2–, que son mantenidos ocultos, dando vueltas a la isla, hasta que anochece. Una vez iniciado el desembarco son distribuidos en varios autocares con destino a hoteles de cuatro y cinco estrellas, pagados con impuestos de los contribuyentes españoles, sin que se entere la población, que está atemorizada, desesperada, y sin que la policía de fronteras les haya detenido por viajar irregularmente.

A los españoles se les exige confinamiento domiciliario, para no contagiar, pero se abren las fronteras a inmigrantes ilegales, supuestos portadores y difusores de enfermedades infectocontagiosas de su país de procedencia, mientras no se demuestre lo contrario. Se vive con un control obsesivo de los españoles para que no se desplacen a otra ciudad, a la vez que un descontrol absoluto sobre la inmigración ilegal que se escapa, incluso viaja en avión sin pasaporte, porque la Policía Nacional, el Ejército, la Guardia Civil, no reciben orden de interceptar a las pateras, autobuses, aviones.

Los establecimientos hoteleros cómplices están repletos, pues ganan mucho más que con turistas, a los que se les prohíbe aterrizar sin un test PCR, ya que habilitan las habitaciones hasta para cuatro inmigrantes de la misma etnia, porque si no estarían en pelea continua, sin examen médico, sin guardar normas sanitarias de uso de mascarilla y distancia de seguridad, mientras ofrecen pensión completa, desplazamiento, lavandería, asistencia sanitaria inmediata y presencial, además de 10€ diarios por inmigrante para gastos personales.

La inmigración es tanta carga como lo son los políticos, que  ayudan con dinero que no es suyo. Todo ello, muy bien negociado con la Cruz Roja Española, subvencionada cuantiosamente por el gobierno, vía impuestos. Sin embargo, la otra cara de la moneda es que hay cerca de tres millones de españoles sumergidos en la pobreza y en la exclusión social, mientras hacen largas colas por el hambre.

Sirva de comparación que, durante el incendio desencadenado en 2019, las víctimas españolas no fueron alojadas en hoteles, sino en naves y durmiendo sobre colchonetas. La Asistencia Social da cita previa a los españoles, mientras que a los inmigrantes es inmediata.

Se masca la invasión.


ALFONSO CAMPUZANO

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