lunes, 10 de mayo de 2021

A PROPÓSITO DE LA INTOLERANCIA

La convivencia debe exigir tolerancia desde el mismo instante en que se asume la educación familiar – Alfonso Campuzano


Según la R.A.E., ser intolerante significa que no tiene tolerancia ya sea a ideas, a creencias, a prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias. Así que intolerante puede ser quien voluntariamente no desea empatizar ni integrarse en el bien común de la sociedad en la que vive.

La intolerancia política española comenzó a forjarse paulatinamente tras la aprobación de la Constitución’78. Era como si todo lo previsto consensuadamente  estuviera hecho cuando todo estaba por hacer, por desarrollar, mediante leyes que articularan la nueva convivencia.

La excusa fundamental fue el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, acicate indispensable para que las elecciones generales del año siguiente accediera al poder un gobierno socialista tras medio siglo de ostracismo en su vagar por el desierto.

Como novedad su vicepresidente Alfonso Guerra le faltó tiempo para traducir la hoja de ruta del cambio al manifestar a micrófono abierto: ‘A España no la va a conocer ni la madre que la parió’, pensando que sus herederos entenderían lo que significaba. Sin embargo, aquel trazado trajo la situación actual al observar que a partir de José Luis Rodríguez Zapatero la equivalencia de aquella frase era mucho más amplia de lo que había pronunciado, tanto como dar paso hacia el abismo.

El desarrollo total de la Constitución está inacabado tras más de cuarenta y dos años de inactividad, aunque mínimamente iniciado, por negligencia institucional. Las leyes emanadas del Poder Legislativo han ido haciéndose más y más restrictivas en derechos fundamentales, más intolerantes, pretendiendo arrebatar la libertad conseguida, quizá por desconfianza.

Las Instituciones, representantes de las leyes que deben cumplir y hacer cumplir, dejaban de hacerlo paulatinamente por desinterés. Los partidos políticos, apoyándose en el dinero que recibían de los contribuyentes lo empleaban en atentar contra la convivencia pacífica. Y es que la intolerancia sistematiza la responsabilidad a otro, a un tercero, al de al lado, y sin arrepentimiento posible. 

El anfitrión –quien invita–, espera que el invitado se comporte haciendo alarde de su tolerancia, lo que no siempre es así.

Intolerancia es que el fiscal Eduardo Torres-Dulce haya ordenado destruir una prueba importantísima del golpe de Estado civil del 11 de marzo de 2004 –un vagón de tren–, pues los otros tres ya habían sido demolidos, sin haber sido investigados pericialmente, y a fondo, por un equipo científico-forense independiente.

Intolerancia es que Antonio Serrano-Arnal dicte una orden judicial, en supuesta connivencia con la Fiscalía, que dé luz verde a la destrucción de las cintas grabadas en el aeropuerto internacional Adolfo Suarez-Barajas con el aterrizaje prohibido por la UE de Delcy Rodríguez, vicepresidente venezolana –y su equipaje compuesto por decenas de maletas–, así como la larga entrevista con José Luis Ábalos Meco, ministro de Fomento, tras proceder a un sobreseimiento y archivo provisional de la causa, de manera que si llega el día de reabrir el caso, por aportación de nuevas pruebas, las fundamentales han dejado de existir.

Intolerancia es que desde julio de 2019 se ha ido haciendo publico el mal llamado ’Expediente Royuela’, mediante 409 vídeos, una corrupción judicial institucional descrita en más de 36.000 documentos manuscritos del fiscal José María Mena Álvarez –ratificados por tres peritos caligráficos de Austria, Francia, España–, donde se detallan más de 1.136 asesinatos encargados, más de 8.000 sentencias judiciales amañadas, tres fosas comunes clandestinas constitucionales con más de trescientos inquilinos cadáveres, localizadas en Mequinenza, Vinaroz y Almacellas. Todo ello denunciado, pero no investigado.

Intolerancia es autodenominarse político antisistema y vivir del sistema que le da de comer.


ALFONSO CAMPUZANO

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lunes, 26 de abril de 2021

EL COBAYA HUMANO

El ser humano ha convivido con microorganismos, bacterias y virus, desde el amanecer de su existencia, un hecho fundamental que ha marcado a fuego su evolución – Alfonso Campuzano 


Amigo ser humano, sin ser consciente de haberlo solicitado, ha llegado la hora de ser cobaya en el presente y, sobre todo, en el futuro próximo, hasta no se sabe cuándo, como ya lo fueron desde siempre, los que así se llaman, en los laboratorios de investigación farmacéutica.

Uno podrá preguntarse extrañado por qué. Y la Naturaleza responderá que unos que se autodenominan representantes de los seres humanos, en su pretensión de animalizar a los humanos –minorías radicales, sectarias en sus propuestas, y nunca jamás elegidos en las urnas– denunciaron en los juzgados que hay que humanizar a los animales dándoles derechos, pese a no tener jamás obligaciones.

Algunos pueden manifestar que también los bebés recién nacidos. Un supuesto erróneo, ya que los bebés, según evolucionan con su crecimiento, en su maduración neuronal, tienen asignadas obligaciones necesarias que cumplirán para la convivencia en sociedad, mientras que los animales se pasan toda su vida sin tener obligaciones, y a cargo de sus amos, que limpian sus excrementos o bien sus vecinos. 

Así que el requerimiento ante los juzgados ha tenido un efecto bumerán durante la pandemia por coronavirus SARS-CoV-2, es decir que, si los humanos quieren tener medicamentos y vacunas tendrán que pasar por ellos las fases de investigación en animales, como animales ¿racionales? que son, y mínimamente sobre los irracionales.

Los políticos siembran ocurrencias, que recogen como frutos, en este caso las vacunas: más de 200 en una carrera por alcanzar el éxito, de las que un 10% se ensayan definitivamente en humanos, porque el tiempo apremia, a fin de evitar la cronicidad. Y los efectos colaterales, pocos o muchos, graves o leves, son las facturas que hay que pagar individualmente para conseguir una inmunización algorítmica.

Sin experimentación, sin investigación, en seres inferiores, difícilmente puede beneficiar a la especie humana. Es Historia Universal, no es un capricho.

Al tratarse de un experimento a nivel planetario, en lugar de una emergencia sanitaria, es probable que, las empresas farmacéuticas, al ser incapaces de dispensar el numero de dosis solicitadas por los gobiernos, en tan poco tiempo, y con el dinero por adelantado, habrán formalizado grupos aleatorios en los que a unos se inyectará la vacuna, a otros un placebo, incluso nada, eso sí, anotando en su historial médico hasta el mínimo detalle para analizarlo posteriormente en un futuro próximo, quizá dentro de 5 ó 10 años para sacar conclusiones, porque las de ahora tienen un epígrafe político, que en nada favorece a la Sanidad.

En España, durante la pandemia por coronavirus SARS-CoV-2, se han distinguido tres tipos de cepas –políticamente hablando–: una buena, una mala, una peligrosa. La cepa buena se ha desarrollado en el lugar de trabajo y en los vehículos de transporte como son autobuses, metro, trenes, aviones. La cepa mala ha arruinado la hostelería tipo bares, restaurantes, hoteles, además de la industria turística. La cepa peligrosa es la que ha actuado desde que anochece hasta que amanece, de ahí el toque de queda castrense, que no sanitario.

Hay que tener en cuenta que la infección por coronavirus SARS-CoV-2 –con material genético tipo ácido ribonucleico–, presenta ciertas similitudes clínicas, farmacológicas, inmunológicas, virológicas, con la infección por virus de la inmunodeficiencia humana.

Las estadísticas nuestras de cada día son las que oficialmente se dan, faltaría más. Sin embargo, durante los fines de semana no había contagios ni fallecimientos, por lo que a principio de semana, al actualizar los datos, los repuntes se disparaban. Al ir descendiendo gradualmente las cifras, para mantener el suspense en la ciudadanía, los medios de comunicación social iniciaron la fórmula de dar cifras de los siete, incluso de los catorce últimos días –gracias a que la carga viral no era la misma que al comienzo– y había que mantener a la población arrestada en sus respectivos domicilios para poder ejercer la política que se ha ido leyendo en los diferentes BOE’s, que debían haber sido perseguidos de oficio por la Fiscalía General del Estado, aparte de que el Jefe de Estado debía haberse negado a firmar.

Un estado de alarma durante seis meses, aplaudido por los partidos políticos  en el Congreso, es totalmente ilegal, pero el Tribunal Constitucional no ha sido capaz de responder desde hace un año, aunque con el sueldo en su casa cada mes, pagado por los contribuyentes españoles.

Lo último de lo último es pretender que, bajo la excusa de imponer la custodia de la salud pública –bastante deteriorada, por cierto–, ciertos políticos traten de forzar hipócrita y egoístamente una ampliación de la mal llamado estado de alarma, cuando lo evidente ha sido un estado de excepción, a fin de programarse un curso acelerado de aprendiz de dictador.

Después de más de un año de pandemia no parece existir una evidencia absoluta de la etiología, patogenia, ciclo de incubación, clínica y, fundamentalmente, su tratamiento.

Pero las vacunas están aquí, llegaron ya.


ALFONSO CAMPUZANO

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lunes, 29 de marzo de 2021

LA PCR NUESTRA DE CADA DÍA

La ocurrencia de utilizar la prueba PCR, como moda, para diagnosticar cualquier enfermedad bacteriana o viral, sin especificar, ha terminado por oficializar un bucle sanitario mundial – Alfonso Campuzano


La llamada vulgarmente prueba PCR o Polymerase Chain Reaction (Reacción en Cadena de la Polimerasa), fue desarrollada en los años ochenta del siglo pasado, hasta conseguir que hoy día se emplee en multitud de aplicaciones, teniendo en cuenta que existe una gran variedad utilizable de polimerasas comercializadas.

En Medicina, la PCR se maneja fundamentalmente como método de evaluación en la detección de alguna enfermedad hereditaria, infecciones virales como el VIH o SIDA (Virus de la Inmunodeficiencia Humana o Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida), la hepatitis B e igualmente cuando se practican trasplantes de tejidos humanos y, asimismo, cuando se individualizan tratamientos de tumores francamente mutacionales.

En Paleontología, desde el punto de vista biológico, la PCR se utiliza allí donde se trata de descubrir restos genéticos no destruidos fósiles como en ámbar, brea, cenizas volcánicas, terrenos desérticos, glaciares, hielos polares y sedimentos.

En Antropología, la PCR se emplea para descubrir la fisionomía fundamental del ser humanoy su comportamiento social básicamente en cadáveres, esqueletos.

En Ciencias Forenses, como la Criminalística, la PCR se destina para identificar a personas, mediante la verificación a partir de restos de tejidos y fluidos humanos, incluyendo la saliva y el semen.

La prueba PCR, debido a sus variaciones, es tan complicada que tiende a ofrecer habitualmente resultados equivocados, por lo que se deben tomar muchísimas precauciones durante su aplicación al detectar material genético, pues puede sugerir que al manejarla en el ser humano dicte que ha estado expuesto a bacterias o a virus, sin diferenciar, y haya originado anticuerpos.

En la actualidad, y desde los años noventa, se han desarrollado hasta 6 tipos de PCR, además de sus 16 variaciones, que se encuentran distribuidas en los mercados, por cuanto que, dependiendo de la aplicación de uno u otros, los diagnósticos pueden ser diferentes, incluso inducir a error. Actualmente se usa la técnica PCR con transcriptasa inversa, aunque se desconoce si hay coincidencia en todos los países.

El análisis de la toma se realiza en un aparato denominado termociclador que debe ser capaz de mantener la temperatura del proceso completo durante una serie reiterativa de ciclos. La eficiencia depende de los ciclos –entre 20 y 35– o cambios de temperatura aplicados, y cada ciclo tiene 2-3 pasos de temperatura. No está muy claro si existe unanimidad en los ciclos, por tanto es posible que en todos los hospitales y en todas las provincias no realicen la prueba a los mismos ciclos.

Al tratarse de una prueba tan compleja, una ocurrencia adaptada como moda, para diagnosticar el coronavirus SARS-CoV-2 se ignora si todos los hospitales utilizan la misma técnica PCR o bien lo ha decidido cada economista.

¿En los hospitales españoles, y en el resto del planeta, hay unicidad de criterio en cuanto a la utilización de la misma técnica PCR con transcriptasa inversa, así como en cuanto al número de ciclos de amplificación del fragmento de ADN (Ácido DesoxirriboNucleico) y sus pasos de temperatura?

Si la respuesta a esta pregunta no es similar quiere indicar que las cifras oficiales de diagnósticos, en cuanto al número de casos totales, casos activos leves, casos activos críticos, casos recuperados, casos de fallecidos, nunca pueden ser iguales, de manera que las olas anunciadas pueden ser intermitentes, incluso infinitas, según dicte la autoridad competente.


ALFONSO CASMPUZANO

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lunes, 22 de marzo de 2021

FOSAS COMUNES CONSTITUCIONALES

El pasado se ha hecho presente ante el increíble mal llamado ‘Expediente Royuela’, que ha puesto al descubierto asesinatos, extorsiones, fosas comunes, en época constitucional, y cuya investigación se echa de menos – Alfonso Campuzano


Fosas comunes, desgraciadamente, han existido desde tiempos remotos, bien fuera por catástrofes naturales –epidemias, terremotos–, bien por catástrofes artificiales –genocidios, guerras–, bien por actuaciones sicariantes del hampa mediante desapariciones físicas forzadas.

Aún hoy día existe en la mente colectiva española la creencia –en su mayor parte con visos de realidad–, de que las fosas comunes últimas fueron las que se perpetraron durante los años treinta del siglo pasado, pero sin localizaciones exactas.

No hay que olvidar que en toda guerra civil se desatan sentimientos ocultos que terminan por enfrentar a familias enteras, divididas y cuarteadas, cuando las ideologías se hacen inaguantables, incluso entre vecinos, por un quítame allá esas pajas, por malos quereres, y con la idea preconcebida de echar la culpa sistemáticamente a terceras personas.

También en partitocracia, que no en democracia, se tiene conocimiento de la existencia de fosas comunes –terreno propio de tres chalés alquilados, por ahora–, localizadas en Mequinenza, municipio Zaragoza; en Vinaroz, municipio Castellón; en Almacellas, municipio de Lérida, que albergan más de trescientas personas desaparecidas por eliminación física, llamadas inquilinos por sus enterradores, según ‘Operación Silencio’.

Estas fosas, aunque están perimetradas, deberán ser localizadas mediante la utilización de la fotografía aérea –circunscribiendo terreno removido–, añadiendo un georadar portátil, y habrán de ser removidas para exhumar a personas que tienen nombres y apellidos, aunque en situación social desarraigada, sin vínculos familiares, quizá delincuentes, tal y como consta en los papeles manuscritos del ‘Expediente Royuela’ del que sólo, hasta el momento, ha visto la luz, 385 vídeos, un 30% de los más de 36.000 documentos, que describen más de 1.136 asesinatos encargados –60% por el PSOE, un 35% por la propia familia en cuestiones de herencia, un 5% por bufetes de abogados–; que detallan más de 8.000 sentencias judiciales amañadas, prevaricación mediante; que explican más de 200 informes de extorsión a fiscales, forenses, inspectores de Hacienda, jueces, magistrados, políticos, de ambos sexos; delitos económicos, enriquecimiento ilícito, evasión de capitales de fiscales, forenses, inspectores de Hacienda, jueces, magistrados, políticos, denunciados ante la Agencia Española de Administración Tributaria (AEAT).

Y se detalla la carta escrita por el fiscal José María Mena Álvarez –autor material del mal llamado ‘Expediente Royuela’ sobre estas fosas, y a punto de jubilarse–, al presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero para que le amparase mediante inmunidad para sí y para su banda, pero declinó investigar.

La sorpresa es que la democracia española tiene sus fosas comunes, tal y como tuvo la Segunda Republica, pero por motivos bien distintos. Es deber del Estado español –con dinero de los contribuyentes– conseguir que todos los restos humanos desperdigados en estas tres fosas comunes descansen en un camposanto. Un luctuoso hecho tan escandaloso socialmente que debe ser investigado urgentemente por la Policía Nacional, la Guardia Civil, la Fiscalía General del Estado, o ¿no se atreven?


ALFONSO CAMPUZANO

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miércoles, 10 de marzo de 2021

VIGENCIA DEL GOLPE DE ESTADO DEL 11M

La Historia Universal está llena de enigmas, considerados como secretos de Estado, salvaguardas de impunidad para sus protagonistas – Alfonso Campuzano


Han pasado más de tres lustros desde que, en una mañana de marzo de 2004, previa a unas elecciones generales, se inició la desestabilización de la partitocracia, tras cuatro decenios preconstitucionales, mediante una masacre producida en varios vagones bomba, que hoy día vive la ciudadanía española.

El tiempo, aparte de que pone todo en el lugar que le corresponde, descubre hechos que, aunque estén a la vista, no se ven correctamente, sobre todo cuando intereses partidistas y sectarios ayudan a manipular la evidencia.

Las pruebas de la masacre del 11M formaban un grupo de cuatro vagones de tren que circulaban por la Red de Cercanías de Madrid que, transcurridos ocho años, y sin justificación posible, ya habían sido destruido tres, por lo que tan sólo restaba uno almacenado, y sin que aparentemente hubiera sido analizado. Así que, Eduardo Torres-Dulce, Fiscal General del Estado, ordenó destruir el último indicio irrebatible y concluyente, porque la realidad era tozuda y contraria a la versión oficial, quedando el caso amputado, y sin solución más que para quienes ordenaron aquella matanza financiada.

Un grupo/club dio un golpe de Estado civil, que la instrucción, pese a que teóricamente investigó, pero no reflexionó ante las pruebas con patas, ya que buscó la versión política que más interesaba, pensando en que fuera posible que jamás se supiera la verdad de lo ocurrido. En aquella fecha, como actualmente, a pesar de que la sentencia judicial resultó patética por las graves anomalías, irregularidades, abusos, la pregunta continúa siendo la misma: ¿qué mente tramposa y criminal imaginó y puso en práctica la vivencia de aquella macroagresión ferroviaria?

Con la vista puesta en los años transcurridos, la respuesta puede estar a la vuelta de la esquina, gracias a una documentación providencial que comenzó a aparecer en las redes sociales en julio de 2019, a modo de vídeos, sobre un entramado de corrupción judicial en la región catalana que, en su diversificación, convergía en este particular atentado.

Si detrás de las múltiples versiones sobre el golpe de Estado militar del 23F –23 de febrero de 1982– una de ellas se extendía sobre la conspiración del partido político PSOE –como han dejado una constancia clara, negro sobre blanco, libros y artículos, durante los últimos cuarenta años–, cuya genética pura y dura, además de analizada a través de la historia desde su fundación, ¿por qué no iba a estar en el encargo del caso 11M?

Para ello, el 'Expediente Royuela' es más explícito y ayuda a desentrañar los enlaces ocultos de una realidad terca, en la que desvela el secreto de alcanzar el poder, sin importar vender su alma, lo mismo que ocurrió con los G.A.L. –léase Grupos Antiterroristas de Liberación–, de infausto recuerdo por su connotación de guerra sucia o terrorismo de Estado (vídeo 27, vídeo 58, vídeo 74, vídeo 103). Y, las víctimas, hasta el momento, censuradas, excluidas, difamadas, menospreciadas, y demás denominaciones irreflexivas.

Y últimamente con  el descubrimiento de varias fosas comunes constitucionales –tres, por ahora–, localizadas en Mequinenza, municipio de Zaragoza, Vinaroz, municipio de Castellón, la tercera está  apunto de ser nombrada, pero en otro capítulo.

Después de todo, ¿quién continúa engañando a quién?, aunque posiblemente por poco tiempo si la Fiscalía General del Estado actúa en consecuencia, haciendo que se vea que su trabajo merece el sueldo que pagan los contribuyentes con sus impuestos.


ALFONSO CAMPUZANO

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jueves, 11 de febrero de 2021

MÉDICOS DESCALZOS

La publicidad política en Medicina hace flaco favor a los profesionales por cuanto que los degrada a meras voces de su amo – Alfonso Campuzano


Si alguien institucionalmente no lo remedia es posible que la Sanidad española, fundamentalmente debido a los recortes iniciados por el ex presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero –Zapatitos, ZParo–, y continuados por sus sucesores, tanto Mariano Rajoy como Pedro Sánchez, retroceda hasta niveles parecidos a los años cuarenta del siglo pasado.

En aquella lejana época unos cuantos médicos responsables se fueron a especializar a los Estados Unidos de Norteamérica. No todos regresaron, sin embargo, los que lo hicieron fue con el título correspondiente para iniciar un camino laborioso, aunque ayudado por el Directorio Militar con el fin de integrar a todos los españoles en el llamado Seguro Obligatorio de Enfermedad (S.O.E.), mediante una cartilla con la que el trabajador era atendido en los Consultorios (Medicina de Cabecera), Ambulatorios (Medicina Especializada en régimen abierto), Residencias de la Seguridad Social (Medicina Especializada en régimen cerrado).

Los vocablos preconstitucionales chocarán en personas que no vivieron aquellos años, y ciertamente algunos de los que vivieron prefieren olvidarlo al traerles malos recuerdos sin pensar que gracias a aquella época vivieron los que pueden contarlo con más o menos gracia. Y es que llegada la época constitucional se apresuraron a cambiar los términos que tanta alergia les producía. Tanto unos términos como otros se entienden porque el significado no ha cambiado. 

Aquellos primeros especialistas hicieron todo lo posible por encumbrar la Medicina y Cirugía españolas allanando el camino para que el Estado español, mediante los diferentes gobiernos, se hiciera cargo de la formación especializada a partir de 1976, con la etiqueta acrónima de M.I.R. –léase Médico Interno Residente– importada de los Estados Unidos de Norteamérica, aunque sin residir en el hospital, como su nombre indica, durante los cuatro o cinco años que dura la especialización.

En el otro lado de la moneda, y por aquella época, en la República Popular de China del comunista Mao Zedong, una vez finalizada su Gran Marcha, y desprestigiada la medicina de la época, las autoridades orientaron la práctica facultativa hacia un derrotero básico utilizando a los labradores a los que les impuso un aprendizaje médico y paramédico, tan insuficiente como elemental, para que pudieran desarrollar su labor precisamente en los lugares donde vivían y trabajaban, denominándoles médicos descalzos.

Su cometido era tan elemental como tratar de fomentar disposiciones primordiales en el aseo diario en personas que se pasaban casi todo el día, de sol a sol, en los campos de cultivo de arroz. Asimismo, cuando el tiempo se lo permitía, se dedicaban a que hubiera un interés beneficioso por la salud. También estaban obligados a ocuparse de recomendar el diseño del núcleo familiar. Incluso, estaban familiarizados con métodos de abordaje de dolencias pequeñas y frecuentes.

Posteriormente, y finalizando ya los años sesenta, estos médicos descalzos, tras seguir un curso de poco más de doce meses en zonas hospitalarias obtuvieron el calificativo de doctores descalzos hasta en los años ochenta fueron prohibidos. Una parte de ellos, después de pasar un examen se convirtieron en médicos de aldea.

La Sanidad española está en crisis desde que se intenta manejar la enfermedad desde la visión sectaria de la política. La pandemia por coronavirus SARS-CoV-2 ha venido a dar la puntilla desde el mismo instante en que al médico de cabecera se le ha obligado a incumplir el Juramento hipocrático, atendiendo a los pacientes según las órdenes que reciba. Resulta intolerable que la consulta no sea de presencia física, sino telefónica, lo cual rompe todos los esquemas aprendidos en la Facultad de Medicina con el agravante de que todo lo aprendido durante el ejercicio profesional va a olvidarlo, sí o sí, al no practicarlo día a día.

¿Dónde queda reflejada la inspección visual para deducir su actitud, su colaboración, su consciencia, su hidratación, su movilidad, su nutrición, entre otros detalles? ¿Y qué decir de la auscultación, la olfacción, palpación, la percusión? ¿Cómo puede tomar nota de la frecuencia cardíaca, la frecuencia respiratoria, el pulso, la temperatura? ¿Cómo puede examinar uno por uno todos los aparatos o sistemas?

El futuro de la Medicina, sin la presencia física, será una película de terror, como ya lo está siendo.


ALFONSO CAMPUZANO

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miércoles, 27 de enero de 2021

UN ESPEJO LLAMADO DONALD TRUMP

Para la sociedad, en general, acostumbrada a que la política sea un carrera, es difícil que comprenda que un Estado debe ser administrado, sí o sí, como una empresa y no como un ente que, pese a errores y despilfarros que nunca paga, no puede ser responsable ni ser imputado – Alfonso Campuzano


Los EEUU, son un país complicado, pero serio, sobre todo con sus elecciones presidenciales, que duran casi un año, hasta que se decantan los dos adversarios que tienen más opciones. El voto es sagrado. Un país donde los dineros que se dilapidan no son exigidos mediante impuestos a los contribuyentes. Los políticos no esquilman a los ciudadanos, sino que lo costean los partidos y los políticos, a base de donaciones. 

Su Justicia funciona tan bien que es independiente del poder ejecutivo y del poder legislativo, no como en España, que desde 1985, para salvar a Míster X, se mantienen colateralidades en continua fuga para enmedallar el pecho y ampliar el patrimonio.

El cuadragésimo quinto presidente de los EEUU de América, Donald Trump, no ha sido un político de alta cuna ni quiso hacer carrera política, ni quiso vivir de los contribuyentes, sino que durante su mandato ejerció su puesto de responsabilidad como empresario exultante que financió su campaña electoral, gobernando como si tratara de una empresa –es lo que sabe hacer–, precisamente por lo que ha molestado a los políticos, incluidos los de su grupo parlamentario, despreciándole porque no participaba de su código depredador y esquilmador de presupuestos, al pensar que su forma de gobernar debilitaba las instituciones.

Durante su vida empresarial, en sus negocios, sufrió seis bancarrotas de las que se recuperó. Sin embargo, teniendo como protagonista al coronavirus SARS-CoV-2, a punto está de sufrir la séptima.

Decidió no acatar ciertos acuerdos como el atragantado cambio climático –existente desde la noche de los tiempos, quizá porque tienen una base radical totalitaria–, que castiga con penalizaciones mercantiles. Lo mismo que cuando canceló asignaciones de caudales públicos a proyectos para asilados y de igual modo con exigencias higiénicas y nutricionales de Naciones Unidas, quizá por su fundamento extremista absolutista.

Se criticó y se malinterpretó la frase ampliar la construcción del muro –en una frontera de casi cuatro mil kilómetros– iniciada en 1994 por Bill Clinton, mil kilómetros, mientras que él construyó solamente poco más de seiscientos kilómetros. También se confundió, intencionadamente o no, sobre el dióxido de cloro, cuya fórmula química es ClO2, traducido por hipoclorito sódico, cuya fórmula química es ClONa.

Puso en su sitio a gobiernos de países occidentales al obligarles a mirarse en el espejo. Cumplió sus promesas. Dijo que no iba a cobrar un sólo dólar, pero la ley no se lo permitió. La mayor parte de su sueldo anual lo donó.

Hasta su llegada, solamente dos países como Egipto y Jordania mantenían relaciones diplomáticas con Israel. Sin embargo, ha conseguido que se unan cinco países islámicos más, firmando tratados de paz, tales que Arabia Saudita, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos (E.A.U.) formados por Abu Davi, Ajamán, Dubái, Fuyaira, Ras al-Jaima, Sarja, Umm al-Qaywayn, Sudán, Marruecos, y otros están a la cola. Además, amansó a Corea del Norte en su exponencial carrera por lanzar misiles intercontinentales. Serenó a Irán en su carrera por la nuclearización planetaria.

Su antecesor, Barack Obama, instigó y alentó conflictos durante los ocho años de su mandato en Afganistán, Irak, Libia, Pakistán, Siria, Somalia, Yemen, viéndose afectadas más de quince millones de personas con casi doscientas cincuenta mil personas asesinadas. Sólo en el año 2016 arrojó más de veintiséis mil bombas. Incluso se permitió el lujo de proteger a Bin Laden hasta que decidió su eliminación física, por lo que fue conceptuado como Presidente de Guerra, aún así fue receptor del Premio Nobel de la Paz.

Sin embargo, Donald Trump, en los cuatro años de mandato, no inició ningún conflicto bélico. No hizo caso a ningún Señor de la Guerra, sino que los ignoró, así que contentos no podían estar cuando lo habitual era que todos los presidentes estadounidenses comieran de sus manos, además de gastar y renovar el arsenal militarista.

Por otra parte, Bill Clinton concedió casi quinientos indultos, mientras que Donald Trump concedió poco más de cien, sin acudir a concederse el autoindulto preventivo ni la clemencia preventiva para su familia y su abogado, tal y como hicieron sus antecesores, por si acaso.

Donald Trump, desde el 3 de noviembre, no ha cedido ni concedido, ante su adversario, al descubrir un fraude electoral ayudado por las máquinas de votación de Dominion Voting Systems, que no fue aceptado por los tribunales. Una declaración jurada en USA es sagrada, tanto que, si incumples, las rejas esperan, no como en algún país poco serio, que no pasa nada, y todos se lo ríen.

Gracias a una orden suya se desclasificarán casi cuatro mil documentos secretos sobre el golpe de Estado en la persona del expresidente John Fitzgerald Kennedy en noviembre de 1963.

El presidente estadounidense, Donald Trump, pese a todo, ha cumplido las tres condiciones necesarias para ganar el Premio Nobel de la Paz: Fomentó la amistad entre naciones a través de arduos acuerdos. Disminuyó los ejércitos estables en diferentes puntos del planeta. Promovió, con desmesurado empeño, numerosos pactos.


ALFONSO CAMPUZANO

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