jueves, 23 de septiembre de 2021

EL DESACUERDO CLIMÁTICO

Sin polémica no hay avance científico y sin avance científico nace el oscurantismo del que se aprovechan los clarividentes – Alfonso Campuzano


Si las emisiones de CO2 continúan aumentando, pese a la disminución de la actividad humana, significa que la etiología no es única, sino que es privativa de otros tantos factores mucho más difíciles de descubrir, pero que no interesan a fin de continuar manipulando a la población mediante un discurso destructivo, evidentemente intrigante. Sin embargo, se llega a olvidar que el vapor de agua es mucho más perjudicial.

Sería más interesante y efectivo preocuparse de la salud humana que hacer florecer eventualidades manejadas por oscuros clarividentes que ocultan intereses escatológicos, y que sólo a ellos benefician. Porque si ya ha ocurrido con anterioridad lo que está aconteciendo, y está registrado, no se trata de un cambio.

Entre las causas que pueden conducir a un calentamiento terráqueo están las siguientes, y diversas: la energía propia de la naturaleza terrestre, el inestable eje terrestre imaginario, la variación de la velocidad de rotación y de traslación del planeta azul, el dinamismo complementario de los océanos glaciares Ártico y Antártico, el fenómeno El Niño-Oscilación del Sur o E.N.O.S., la actividad volcánica –con sus gases rebajan la temperatura llamada global y que actualmente hay cerca de dos millares de volcanes activos en el planeta azul, de los cuales, más de una veintena están en erupción, cuya materia expulsada será proporcional a terremotos que desplacen las placas tectónicas hasta acoplarse durante la rotación y traslación por el sistema solar–, el enfriamiento del núcleo terrestre, la eficacia de la actividad solar dinámica –con sus tempestades, explosiones, tornados, que influye en todos los planetas del sistema–, los brotes de radiaciones ionizantes –partículas alfa y beta, rayos gamma, rayos X–, el impacto de meteoritos y asteroides perdidos en el espacio interestelar, la chatarra espacial, la peligrosidad tóxica de los gases aumenta cuando se reúnen zonalmente, los cataclismo provocados, las guerras territoriales interminables, los pesticidas, los fungicidas, las semillas genéticamente modificadas.

Sin embargo, perece ser que existen proyectos, eso sí muy inciertos, que intentan ralentizar el mal expresado calentamiento global –siempre es territorial, nunca jamás global, dada la estructura esférica planetaria–, dando lugar al nacimiento de una nueva industria, en ciertos países como Alemania, Australia, Canadá, Chile, Corea del Sur, Estados Unidos, India, Islandia, Noruega, Suiza, con su pretensión de almacenar, filtrar, petrificar, el CO2, ya sea bajo tierra, ya sea en el fondo oceánico, sin olvidar que gracias a este gas existe la vida, porque si se rompe la cadena vegetal, el animal se extingue.

El ser humano, cuyo número de nacimientos aumenta exponencialmente cada segundo, necesita respetar a la Naturaleza para sobrevivir en este planeta azul, teniendo en cuenta que lo que vulgarmente se llama esquilmar y despilfarrar la riqueza natural es ni más ni menos que utilizar sus recursos. Lo que se llama alterar el equilibrio ecológico, desconociendo lo que se entiende como tal, es utilizar simplemente lo que ofrece. Lo que se llama trastocar la biodiversidad, sin que se sepa lo que es, es porque el humano ha inventado la palabra y utilizado su imaginación. Además, no se desprotege la conservación de animales, sino que todo lo débil, absolutamente todo, desaparece por ley natural.

Causa extrañeza que los políticos exhibicionistas no acepten razonamientos científicos, sobre todo si se enfrentan a sus ideas. Y lo más probable de todo es que los modelos científicos climáticos no se cumplan, como ya viene siendo habitual.


ALFONSO CAMPUZANO

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jueves, 9 de septiembre de 2021

MEMORIA RECUPERADA

Tanto la Ley de Memoria Histórica como su continuación la futura Ley de Memoria Democrática, son tan simplistas como que parten de una premisa falsa — Alfonso Campuzano


Las asociaciones para la recuperación de la memoria histórica, cuyo ejercicio más sobresaliente —con más o menos éxito, y con cargo a los impuestos de los contribuyentes—, trata de ejecutar exhumaciones en fosas clandestinas identificadas o no. Sin embargo, parece ser que se olvidan de que aún existen por parte de los dos bandos enemigos, y no sólo de una de las partes, con una antigüedad de casi nueve décadas, han olvidado la premisa de que han sido consecuencia de una cruel y desgraciada guerra civil. En los últimos quince años han gastado 31 millones de euros en localizaciones y exhumaciones, sin llevar al día el estado de cuentas, peor aún, ignorando los resultados, sin que conste un cómputo, una base oficial de datos o informatizada o codificada, lo que significa malversación de dinero de los contribuyentes.

Una guerra civil donde no había leyes ni normas que se cumplieran —y si las había nadie las cumplía, o mínimamente—, donde parientes, amigos, vecinos, se trataban no demasiado bien, incluso con desprecio, quizá por envidia acumulada, y según soplara el viento de cada día, incluso por un quítame allá esas pajas.

En las diferentes versiones escritas por historiadores oriundos y extranjeros se entrelee lo que el sentir popular ha dicho, y redicho, pero que cierta parte de la sociedad no ha querido escuchar a los políticos de turno.

En vanguardia, el cuerpo a cuerpo en raras batallas se dio, porque lo habitual era ver de lejos al enemigo, incluso no verlo, con o sin disparos. Sin embargo, en la retaguardia también se libró otra guerra civil, si bien diferente en su concepción, donde en la distancia corta, pueblo a pueblo, barrio a barrio, vivienda a vivienda, actuaba un sicariado con órdenes muy precisas donde las personas paseadas –con nombres y apellidos– eran ajusticiadas, sin juicio previo, casi a diario.

Casi todos los pecados capitales —unos más que otros—, tuvieron su protagonismo en las llamadas sacas nocturnas. Los participantes hacían eco de su debilidad material emponzoñada por el adoctrinamiento que largos años duraba. Se trataba de un juego macabro en el que predominaba la avaricia, la envidia, la ira, concluyendo la propaganda publicitaria de boca a oreja que enfangaba al bando contrario, al adversario, al enemigo, cuando estaba claro que sus allegados, más o menos lejanos, habían apretado el gatillo, pues con nocturnidad y alevosía se cometían asesinatos entre personas que no se aguantaban, aunque fueran del mismo partido o del mismo sindicato, con el fin de aprovechar el momento para rapiñar y usurpar latifundios y negocios.

Los partidos políticos como PSOE (Partido Socialista Obrero Español), IR (Izquierda Republicana), UR (Unión Republicana), ERC (Esquerra Republicana de Cataluña), PCE (Partido Comunista de España), II (Independientes Izquierdistas), FAI (Federación Anarquista Ibérica), POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) y sindicatos del Frente Popular CNT (Confederación Nacional del Trabajo), FAI (Federación Anarquista Ibérica), UGT (Unión General de trabajadores) se odiaban entre sí, eran el espejo donde se miraban los diferentes gobiernos entre 1931 y 1939.

Desaparecidos ha habido en los dos bandos contendientes, aunque políticamente correcto, hasta el momento, es hablar sólo de uno y olvidarse del otro, por victimismo, por resentimiento, por revisionismo, por revanchismo, porque documentación histórica para analizar con detalle hay más que suficiente, pues nada tiene que ver con la propaganda política, que envenena a mentes ignaras, que no desean salir de su espacio confortable y facilón al hablar de represaliados.

En ambos bandos contendientes había republicanos, lo que habitual e interesadamente se olvida. Y como en toda contienda hubo un vencedor y un perdedor. Nada extraño. Hablar de genocidio es un vocablo extremadamente grueso e infundado. Tras el final de la confrontación hubo juicios —como en todas las guerras— para conocer quienes tenían delitos de sangre, que eran pagados con la vida o bien conmutada la pena a cambio de trabajos como la construcción del monumento a los caídos de ambos rivales en el valle de Cuelgamuros, en plena sierra de Guadarrama.

Transcurridas más de ocho décadas, y con el fin de recuperar una memoria indulgente debería ser necesario abandonar el espectro político, y sin acritud, abundar en el olvido del odio sembrado por políticos sectarios que ha prendido en la ciudadanía.

Hurgar en el pretérito con ánimo utópico de tener razón no conduce al perdón, sino a soliviantar, porque quienes no han vivido el pasado no tienen obligación ni derecho a juzgarlo en el presente, y menos aún en el futuro.


ALFONSO CAMPUZANO

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jueves, 2 de septiembre de 2021

PROGRESÍA EN EL SIGLO XXI

Las más de cuatro décadas vividas prósperamente por los políticos deben hacerles reflexionar reseteando la mezquindad, el despilfarro, la incautación, dirigida contra los contribuyentes – Alfonso Campuzano


Fue a mediados de los años ochenta cuando el horizonte político se vio ampliado a través de la niebla al descubrir que la legislación emanada de las urnas se podía intervenir de tal manera que fuera una aliada más, y nunca enemiga, buscando la fórmula ideal para soterrarla ante los ojos de los seres humanos, mientras la hacían parecer como que fuera igual para todos, a la vez que se transformaban empresas destinadas a parecer lo que en realidad no eran ni pretendían serlo.

Las fumarolas de distracción estaban a la orden del día –sin olvidar que continúan sin ser enterradas, porque a todos los gobiernos les sirven como defensa interesada–, muy necesarias para no tener que sufrir auditorías ni inspecciones engorrosas, eso sí, engrasando el engranaje de la correa de transmisión para no perder ni un solo céntimo. Porque ¡hay del momento en que se fractura! Todo son desventuras que cuentan hemerotecas y videotecas.

Así que hay que disponer de un insistente diario ejercicio de buen estilo para saber leer entre líneas, lo mismo que entretener al personal sumiso y votante en genuflexión permanente, con o sin vaselina a mano, haciendo alarde de definiciones vacuas como multinación, nación de naciones, nación multinivel, plurinación, etcétera, que atraigan a melindrosos, mientras se deja de lado la reflexión.

Es habitual repicar diferentes canciones con la misma letra para hablar del nacimiento de una hegemonía de hogaño cuando antaño no existía ni se la esperaba, desde el tiempo de la España romanizada, incluso desde el siglo XIII, donde no existían catalanes ni vascos, ya que estaban sumergidos en el conjunto, y sin destacar. Pero la siembra política ha dado con la falacia fructificada que se esperaba: “lo pide el pueblo”. Y así.

No pierde comba cuando –su proyección de futuro está bloqueada por un pasado mezquino y rancio– añora ser protagonista con el disentimiento exponencial en la provechosa búsqueda de la desigualdad de los sexos, ya no uno, sino varios y variedades.

Sin olvidar que lo sangrante, incluso evidente, con el paso del tiempo, es que se le ha visto el plumero: la ley, legislada por políticos, no para ellos, sino para los demás, pero a quienes, si llega el caso –llegado ha–, pueda procederse al archivo de la causa por dejación de funciones durante las instrucciones judiciales, o bien al indulto, que nunca ha servido para nada ni servirá y, sin rechistar, vuelta a empezar. Es lo que vulgarmente se llama, aunque no se llame, corrupción institucional.

El progresismo –del que tanto se habla y escribe– se ha traducido en un continuismo revisionista y resentido, anclado en el pasado, vampiro y perverso sexual al exhumar el cadáver de un Jefe de Estado preconstitucional –fallecido 44 años antes–, muy parecido a imágenes que muestran las hemerotecas de los años treinta del siglo pasado. Se habla, en mentideros más o menos políticos, de volver a por la segunda exhumación, también con un escenario parecido a una ceremonia masónica.

El remate que se avecina con la llamada Memoria Democrática –segunda parte de la sectaria Memoria Histórica–, es retroceder a la sombra del Medievo mediante el enmudecimiento de todos los historiadores hispanos y extranjeros.

Alguien tendrá que hablar ex cathedra para evitar un bochornoso futuro a nuestros descendientes.


ALFONSO CAMPUZANO

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jueves, 29 de julio de 2021

2º ANIVERSARIO DEL EXPEDIENTE ROYUELA

Con el miedo adherido al cuerpo se avanza hacia la heroicidad o se retrocede hacia la cobardía – Alfonso Campuzano


En 731 días, Santiago Royuela y su padre Alberto, han conseguido transmitir, mediante 463 vídeos acompañados de documentación original y escaneada, una información que ha llevado más de 25 años de investigación sobre corrupción judicial española –un entramado facineroso, intrigante, oscuro–, cuyo núcleo institucional estaba asentado en Barcelona y del que partía una red criminal expandida por todo el territorio español cuyos tentáculos llegaban a la Gran Logia Masónica de España, incluso a uno de los varios Servicios de Inteligencia existentes en España.

El mal llamado ‘Expediente Royuela’ es un capitulado relato escalofriante de personas infiltradas en el submundo siniestro donde utilizan una maquinaria que averigua lo suficiente para realizar acosos, amaños, asesinatos, atentados, chantajes, compra de voluntades, delitos económicos, desarticulaciones y archivos de posibles diligencias judiciales, encargos de eliminaciones físicas, enriquecimiento ilícito –ingresos dinerarios en cuentas bancarias en Canadá, Galicia, Holanda, Londres, Lyon, México, Panamá, París, Suiza, Venezuela– extorsiones, falsificación de documentos, informes forenses falsos, intimidaciones, pago de favores, psicoterror, seguimientos, sobornos en metálico, tráfico de armas, tráfico de drogas, etcétera.

Los cientos de acosos se realizan mediante vigilancia estrecha, a base de intervenciones telefónicas ilegales, para conocer la vida oculta –amantes, cuentas bancarias, drogas, informes patrimoniales, sexualidad–, de arzobispos, fiscales, forenses, funcionarios de prisiones, hijos y nietos de militares, inspectores de Hacienda, jueces, magistrados, obispos, políticos, religiosos, sacerdotes, seglares, y organismos como Cáritas, Congregaciones, Diócesis, Opus Dei, Partido Familia y Vida, etcétera. 

El expediente contiene más de 36.000 documentos originales que configuran un magno archivo –posiblemente con el paso del tiempo pueda ser considerado un tesoro histórico-judicial– interceptado providencialmente en un zulo de la clínica abortista del doctor Morín, cuando se había ordenado que se destruyeran, y trasladado a buen recaudo en un camión a un país extranjero. Unos manuscritos de una organización estricta, inteligente y secreta que dirigía –se desconoce si actualmente continúa en activo– el fiscal José María Mena Álvarez, cuya escritura ha sido analizada por peritos caligráficos de tres países europeos, además de un estudio de las huellas y de su ADN.

Los hechos criminales narrados dieron lugar a las correspondientes denuncias ante más de mil Juzgados en dos ocasiones, y con acuse de recibo, suponiendo que fueron archivadas, sin investigar, al no obtener sin respuesta. Asimismo, presentaron querellas en 2002, 2006 y 2009 en Barcelona con resultado de silencio administrativo. También denunciaron ganancias irregulares en 2004 ante Agencia Española de Administración Tributaria (A.E.A.T.). Ante la gravedad de las circunstancias descritas en los manuscritos no ha faltado el envío de dos cartas personales dirigidas al Jefe de Estado, que llegaron a su destino, pero sin obtener réplica.

Figuran detalladas más de 8.000 manipulaciones de sentencias judiciales mediante prevaricación. Miles de abortos practicados en mujeres con más de seis meses de gestación, es decir, fetos viables no deseados. Además de un Libro de Presupuestos y un Libro de Contabilidad, ambos de encargos y pactos de compensaciones económicas por cada eliminación física.

Por si fuera poco, se puntualizan 1.136 eliminaciones físicas –lista parcial alfabetizada– provocadas por un sicariado mediante un accidente o bien un desestabilizador cardiopulmonar muy bien confirmados y con un protocolo previamente establecido. El PSOE encargó 681 asesinatos (60%); familiares más o menos directos encargaron 398 asesinatos (35%); diversos encargaron 57 asesinatos (5%). Y todos está sin investigar. En comparación, la banda terrorista etarra asesinó a 864 personas, de las cuales 379 han sido investigados, pero no aclarados. Sin embargo, la Unión Europea en noviembre del presente año enviará una comisión de europarlamentarios a España, que fue aprobada en enero de 2020, para investigarlos.

Como colofón han sido dadas a conocer cuatro localizaciones de fosas comunes clandestinas –recientes y constitucionales– en Mequinenza, municipio de Zaragoza; en Vinaroz, municipio de Castellón; en Almacellas, municipio de Lérida; en San Sebastián de los Reyes, municipio de Madrid, con su listado de 48 personas asesinadas y enterradas. Unas fosas que, en su conjunto, albergan más de 300 personas asesinadas –en los papeles se denominan inquilinos– denunciadas con la duda razonable de si serán investigadas.

Hasta ahora, y transcurridos dos años desde que los videos vieron la luz, los juzgados de instrucción y la Fiscalía General del Estado permanecen mudos ante esta barbarie descontrolada que mantiene un golpe de Estado cívico-judicial al ralentí. La censura preconstitucional no ha desaparecido, sino que se ha transformado en censura constitucional.

La familia Royuela, depositaria de este archivo, ha sido sometida a varios intentos de robo y de asesinato por lo que, al verse amenazada, ha pedido amparo a los juzgados, obteniendo como respuesta incívica la denegación de auxilio. Los medios de comunicación subvencionados con dinero de los contribuyentes, tanto escritos como visuales –aparte de que lo saben– tienen la obligación moral de noticiar absolutamente todo, incluidas las referencias políticas con sus virtudes y sus defectos; sin embargo, están mudos a la espera de una orden que no acaba de llegar. Pero los vídeos, gracias a periodistas independientes, se están dando a conocer en las Américas y Europa.

Extraoficialmente, las instituciones españolas conocen todo el entramado criminal, pero desconocen su falta de coraje para poder desarticularlo mediante las instrucciones correspondientes sin que los coja debajo como le ocurrió a Sansón al derribar dos columnas del templo.

Es posible que un Tribunal europeo, o uno estadounidense, o quizás ambos, tengan que intervenir, ya que se delatan hechos delictivos internacionales gravísimos como son tráfico de armas y de drogas con bandas mafiosas y terroristas.


ALFONSO CAMPUZANO

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miércoles, 14 de julio de 2021

A TENOR DE LA PICARESCA

Es duro reconocer que los sistemas sanitarios, incluidos los países primermundistas, nunca están preparados para hacer frente a una pandemia – Alfonso Campuzano


Cuando una pandemia se diagnostica desconfiando, tarde y mal, utilizando falsedades y sin método académico, tratando de transmitir miedo sin saber a qué y por qué, en directo y al unísono, mediante medios de comunicación social —comprados subvencionadamente con dinero proveniente de impuestos de los contribuyentes— se desconoce el final, tal y como se desconoce el principio.

Una pandemia de la que se tienen escasos estudios anatomopatológicos de fallecidos supuestamente por coronavirus SARS-CoV-2 —los supuestos deberían cerciorarse ineludiblemente mediante autopsias—, porque está permitida la barbaridad médica de que ‘los informes forenses no requieran exploración presencial’, lo cual denota miedo ante el ejercicio profesional —toda profesión debe estar a las duras y a las maduras, dice el refrán español—, lo cual significa que, si no hay presencia, no hay exploración; si no hay exploración, no hay autopsia, si no hay autopsia, no se sabe nada de nada. Una enfermedad nueva necesita autopsias: absolutamente todas, para que la Medicina avance.

Una pandemia cuyo diagnóstico se basa, y se está basando, en una prueba denominada P.C.R., que se utiliza para múltiples estudios, que diagnostica cualquier mínima infección, que ignora el propio diagnosticado, sin manifestación clínica, de ahí un término novedoso: asintomático, pero que ingresa como dato casuístico, y que no es tal, pero ayuda a inflar artificialmente el número, atemoriza a las personas susceptibles e hipocondríacas, que es de lo que se trata, políticamente hablando.

El caso es poner precio a una prueba diagnóstica cogida con pinzas. El caso es confinar aunque la persona esté sana, y sin síntomas, pero denominada asintomática, por si acaso, porque cuando se desconoce la causa, todo se guarda en el mismo saco para simplificar. El caso es tener el país parado, sin producir, porque lo importante no es la Sanidad, sino la ayuda que proporciona al poder político ejecutivo, mediante decretazos, convertido en autárquico sin que nadie se lo reproche, al impedir trabajar al poder político legislativo, secuestrando al Congreso y al Senado. Vamos, un golpe de Estado a cámara lenta.

Y los ciudadanos ingresados en planta, o en la UCI/UVI, gracias a una supuesta valoración no determinada al ciento por ciento. Durante los primeros meses del año 2020 ciertamente las personas fallecidas tenían una edad en la que cualquier factor externo o interno se transformaba en causa, por la habitual de cada año, pero unánimemente se decidió el diagnóstico pandémico con el beneficio hospitalario de una gratificación —aparte del presupuesto hospitalario anual—, si los pacientes urgentes e ingresados tenían la filiación que merecía la pena cobrar, dada la golfería española que desde ‘La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades’ se practicaba, se practica y se seguirá practicando; nada más hay que observar, desde hace más de cuarenta años, el patrimonio personal de los políticos. En unos países más que en otros. Los gobiernos no se muerden ni se tocan entre sí, por precaución. No es cuestión de perder algo ganado cuando se dan tales facilidades. Y sin discusión posible, porque la Medicina recibe órdenes de la Política.

La pandemia, dirigida por políticos, en lugar de profesionales de la Medicina ha socavado los cimientos humanitarios de la relación médico-paciente al imponer la consulta telefónica sin el obligado cara a cara con el resultado espeluznante de error tras error en los diagnósticos, pero salvados gracias el diagnóstico político: todo Covid, y a reclamar, según el B.O.E.

El alcance real de la pandemia es posible que no se sepa nunca, al menos en varias generaciones, pues hay demasiados intereses políticos en juego. Además, ha quedado mostrado y demostrado que el sistema sanitario no parece estar preparado. Dudas y controversias desde el inicio entre mascarillas, respiradores, vacunas con o sin consentimiento, certificados digitales, liberalización de patentes. ¿Para cuándo un Congreso Mundial que trate de unificar criterios médicos, y nunca jamás políticos?

En 571 días, la pandemia por coronavirus SARS-CoV-2 se ha cobrado 4.066.861 fallecimientos transmitidos en vivo y en directo. Sin embargo, en 195 días del presente año (14 de julio de 2021) los fallecimientos sin visibilidad pandémica, y sin interés, son: 22.706.011 de abortos; 6.913.691 enfermedades infecciosas; 4.373.978 por cáncer, que no se han hecho eco los medios de comunicación social. Estas cifras aumentan cada tres segundos.

Los virus y las vacunas han ayudado a evolucionar al ser humano. La naturaleza es tan sabia que solamente tolera a los supervivientes y a los adaptados. Con o sin vacuna, todo el mundo con mascarilla, ¿hasta cuándo? Hasta que la política del Gobierno decrete.


ALFONSO CAMPUZANO

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martes, 29 de junio de 2021

EN BUSCA DE COMBUSTIBLE

La ocurrencia de reciclar y renovar energía, manejada por gestores incompetentes, tiene un coste muy elevado para la sociedad – Alfonso Campuzano


Ante una posible, aunque improbable, emergencia climática anunciada a principios de los años noventa del siglo pasado para los primerísimos años del siglo presente ha sido tal fiasco que, los interesados inmediatamente han anunciado lo mismo, pero para dentro de otros treinta años –olvidándose que los seres vivos disfrutamos actualmente de una época interglaciar–, y sin un plan de trabajo serio. De nada sirve ponerse a trabajar si no se sabe la causa real, que evidentemente son muchas más que las imaginadas.

Existiendo, como existen, más causas que las que se pueden comentar, achacar, como se achaca al CO2 –léase anhídrido carbónico o bióxido de carbono o dióxido de carbono– es una frivolidad, porque sin él la cadena de la vida de la nave espacial planetaria peligra irremisiblemente hacia la inexistencia. Los políticos aún no se han enterado de que al respirar exhala CO2, y así siete mil ochocientos y pico millones de humanos, sin contar a los animales. Y las plantas, durante la noche, también exhalan.

¿Quién ha impuesto comprar los derechos de emisión del CO2? Lo peor no es quién lo impuso, sino quién lo aceptó, y sin contar con los contribuyentes que pagan todas las multas, ocurrencias, vicios. Entre trastornados anda el juego. ¿En qué libro de entradas están anotados, un decir, los 800 millones de euros pagados por los contribuyentes españoles desde 2008, y en qué se han empleado? Porque no es un regalo al clima ni se ha hecho un referéndum para donarlos.

Lo fácil es echar la culpa a la actividad humana cuando existen otros factores como la actividad solar, la actividad volcánica, la trayectoria terrestre, etcétera que tienen un valor importantísimo.

Tanto la ecología como la climatología, muy extremistas, está en la honda del buenismo, pelelismo, populismo, que se muestra hostil con los empresarios, con el librecambismo, muy propio del acratismo.

El caso es influir en el miedo colectivo, como una parte de la manipulación social, para hacer creer en lo que no se ve con vistas a quién sabe qué experimentos más complicados que los vividos actualmente, de manera que, la ansiedad contagiada por simpatía y la globalización, hagan que se expanda como una mecha encendida haciendo uso mayúsculo del verbo prohibir con noticias que hacen bandera del negacionismo constante y mantenido.

Desde hace varios años se percibe una incongruencia flagrante ante el intento de cambiar la elección de combustible para el transporte vial, que no aéreo ni marítimo. La moda del combustible fósil está llegando a niveles de casi proscripción porque así lo han decidido ciertos grupos de presión y multinacionales, pero las nuevas tecnología se fundamentan en utilizar materias contaminantes. El combustible que confecciona y suministra los instrumentos y conexiones de los consumidores que atemperan los discos duros y que navegan por las redes informáticas propalan rastros de CO2.

La época de la electricidad que mueva vehículos terrestres está de camino en busca de la fuente de almacenamiento y alimentación que fabrique baterías eléctricas de ión de litio –además de emplearse en psiquiatría, en forma de sales, como tratamiento de la psicosis maniaco-depresiva–, elemento metálico muy escaso en la naturaleza.

La extracción de este metal origina un gran impacto ambiental. Por ahora, las baterías de litio son muy contaminantes y su traslado es considerado una mercancía peligrosa por ser inflamable y explosiva. Su almacenamiento es complejo, porque requiere equipo pesado. La reutilización y reciclaje resulta inservible. Las reservas mineras mundiales no son como para tirar cohetes, porque la media está en unos veinte años.

Mucho vehículo terrestre eléctrico para tan poca batería de litio. Y después ¿qué? Bucle.


ALFONSO CAMPUZANO

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viernes, 18 de junio de 2021

DESCARBONIZANDO EL PLANETA

Así como cada época tiene su moda, impuesta por la publicidad, también el tipo de clima y de la alimentación necesitan de propaganda – Alfonso Campuzano


Cerca de 41.000 científicos prudentes, entre ellos, 9.000 doctores, se consideran incrédulos ante el llamado calentamiento global –el enésimo desde que se tiene conocimiento–, porque es un timo. Que se sepa, la ciencia goza de polémica y desacuerdos para poder avanzar, por tanto, el clima también, ya que si gozara de alianza y beneplácito se trataría de política.

El que más, el que menos, sabe de qué va el cambio climático, el calentamiento global, la emergencia climática, pero lo que todo el mundo desconoce, incluso los científicos más avezados, es que nadie sabe cómo empezar a mitigar esta época, porque no hay una causa, sino miles, y todas hay que torearlas, con el agravante de que, no interesan a defensores radicales, y no producen tantos beneficios como culpabilizar al CO2.

La emergencia climática es un discurso político más que un discurso científico y una especulación, un pensamiento de algunas personas, que no reflejan el pensamiento científico general, según Bjorn Stevens, de manera que preocupa y, sobre todo, disgusta a los especuladores porque reduce el uso de combustibles como carbón, electricidad, gas, leña; además de que la ropa necesaria es más liviana; las costumbres se modifican y ciertas enfermedades desaparecen, como la gripe estacional.

El inventor de la descarbonización urgente tiene instintos criminales, ignora que los seres vivos dependen del equilibrio que exista entre unos y otros, todo lo contrario a lo que aspiran los ecólogos en su afán descontrolador. Descarbonizar significa quemar, pues el carbono está presente en toda estructura viva. La nave espacial planetaria sabe defenderse de aquello que le aprieta, necesita estar carbonizada para que no se rompa la cadena de la vida –lo ha hecho desde hace 4.500 millones de años, y lo seguirá haciendo otros tantos–, aunque parezca que se olvida, de manera que, lo que tiene que hacer el ser humano, cuando el territorio que habita se hace inhóspito, es cambiar de parroquia, adaptarse circunstancialmente para sobrevivir, sin esperar ayuda ni que la evolución retroceda, porque más bien acelerará.

De ahí que, para salvar el pellejo, sea más fácil meter miedo, culpabilizando a la raza humana –error mayúsculo–, porque ya hubo épocas anteriores similares a ésta, y sin tanta tecnología. Lo mismo que hay territorios parecidos a la cordillera Himalaya, al Gran Cañón, incluso Petra –que estuvieron bajo las aguas–, es lógico pensar que presagien otros territorios que no tienen más remedio que sumergirse a costa de emerger otros, porque se trata de un bucle viviente.

Los terremotos y maremotos sirven para que la nave planetaria azul, en su viaje espacial, mediante los movimientos de rotación y traslación, equilibre en todo momento su masa sólida y acuosa. Un factor importante –que permanece adormecido en sus últimos ciclos con disminución del campo magnético, con tormentas solares–, es el influjo del astro Sol, gracias al cual la vida existe.

La fascinación atmosférica intensa que ejercen los ciclones, los desbordamientos, las tormentas de lluvia y nieve, las sequías, han existido desde que el ser humano tomó conciencia al observar su entorno, y actúan en consecuencia. Los entendidos llaman meandros a los flujos o chorros intensos, ya sean de calor o de frío, como defensa del planeta ante el cambio climático inestable.

Las infraestructuras españolas construidas entre los años ochenta y noventa muestran, y demuestran, que hubo corrupción al ver cómo actualmente el agua desbordada inunda calles, viviendas, garajes, bodegas, carreteras, autopistas, que nunca debieron estar donde están, acarreando pérdida de enseres, incluso vidas. Las autoridades deberían plantearse que las infraestructuras cercanas a las costas deben ser eliminadas. El suelo barato ha resultado caro.

Hay ecolólogos protagonistas –tan radicales y tan sectarios–, que ejercitan propuestas despilfarradoras, intentan imponer sus ocurrencias, y las contrarias, para equilibrar su pensamiento, y no confundirse, a la vez que obstaculizan otras opciones. Toda prohibición ha de ser recusada rigurosamente.

Se necesita una interpretación sensata, ya que lo verde procede de lo marrón, y viceversa. Lo limpio se sustenta sobre el reciclado de lo sucio. Lo no contaminante necesita de lo contaminante para ejercer, y bucle. No sirve de nada advertir sin fundamentos, porque los científicos son lo que son, pero no adivinos, que el planeta azul va a seguir los parámetros que dictan, siempre en la eterna duda. Lo que hay que hacer es poner en marcha todos los experimentos que ayuden a modificar los resultados que creen que se avecinan, pero no está nada claro que acierten.

Cerca de trece millones de euros reciben las organizaciones ecologistas, en subvenciones gubernamentales –pagadas por los contribuyentes–, además de los casi 3 millones de euros, donados privadamente, para cerca de treinta y cuatro mil personas con fiscalidad opaca. Cuando hablan, ¿en nombre de quién lo hacen?


ALFONSO CAMPUZANO

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